sábado, 19 de septiembre de 2015

Vagaban errantes

Foto: Don McCullin
 
 
Mientras esto sucedía, ya se había mandado por delante la caballería a Alba para que trasladase la población a Roma. Después, se envió a las legiones para que destruyesen la ciudad. Una vez que éstas franquearon las puertas, no se produjo realmente el tumulto y el terror que suele acompañar a la toma de ciudades cuando, rotas las puertas y abiertas brechas en la muralla con el ariete o tomada violentamente la ciudadela, el griterío de los enemigos y las carreras de los armados a través de la ciudad se entremezclan con la espada y el fuego. Por el contrario, un silencio triste y una callada tristeza paralizó el espíritu de todos de modo que, olvidándose por el miedo de lo que dejar o de lo que llevar consigo, y preguntándose unos a otros, permanecían a veces en pie a la puerta de sus casas o vagaban errantes por sus casas con el deseo de verlas por última vez.