sábado, 26 de septiembre de 2015

Rumbo desconocido


Foto: Pentti Sammallahti


Cómo habíamos llegado hasta aquel hostal es cosa que ya no recuerdo, como no recuerdo ni su cara ni su nombre ni el nombre por el que me conocía. En cambio, se han resguardado en la memoria el cuarto que miraba a un patio de sombras, el pequeño lavabo junto a la puerta, el espejo oval, el rayo que lo quebraba, la moqueta salpicada de cercos, el olor a sardinas y huevo duro, serpenteando por entre otros más hostiles, unos Evangelios sobre la mesa de noche, y junto a los Evangelios un abejorro, un macho muerto sin duda hace días con la llegada del otoño. Que la memoria sea varadero de esos cabos ornamentales, apuntes periféricos de lo que en esos días sí importaba. Como un diario de viaje en que no quedase constancia del destino, sino de la velocidad de unos cirros, una cuerda de olmos emergiendo de la niebla junto a un río, unos ladridos y, a la noche, la lenta marcha de los ejércitos estelares sobre el rumbo desconocido.