lunes, 6 de julio de 2015

Estudia, estudia



"Querido X.:

(...) Sólo puedo ofrecerte un par de consejos que yo mismo recibí en su día y cuya utilidad he verificado allí arriba.

Primer consejo: estudia. Los malos pilotos se dejan confundir por la sencillez de manejo de una avioneta, tan elemental en su funcionamiento que hasta un crío de dieciséis años puede hacerse en poco más de medio año con una licencia para volar. Pero ahí fuera hay tormentas, vientos, montañas. Dedica al menos tanto tiempo a estudiar tu aparato como el medio en el que debe desenvolverse. Tienes que conocer como la palma de tu mano todos los tipos de nubes, poder leer en esos cúmulos la forma de yunque que vaticina una tormenta. Tienes que poder calcular la derrota cuando el aparato está a merced de una cizalladura, en plena oscuridad, con el corazón en la garganta y las manos temblorosas. Un aparato puede volverse indomeñable por fallos mecánicos o eléctricos que no podemos controlar, pero la mayor parte de las veces se estrella por causas que podríamos haber anticipado, y esas causas están siempre ahí afuera.

Segundo consejo: estudia. No menosprecies los procedimientos de navegación clásicos. Cualquier piloto sabe que la lectura de una brújula no es precisa, y que para que la avioneta nos lleve hasta el rumbo marcado en una carta aeronáutica es necesario corregir los errores asociados al magnetismo. Los cálculos son muy sencillos: una corrección para la variación magnética de acuerdo con la isogonal marcada en la carta, otra para el posible desvío de aguja, y un conocimiento de los errores de lectura que se producen durante ciertos virajes y aceleraciones. Pero cada vez menos pilotos los hacen. ¿Para qué, si disponemos de otro instrumento a bordo más exacto? En este debate me he quedado a menudo solo defendiendo la necesidad de saber navegar a pelo, sólo con brújula. Para empezar, el indicador de dirección también tiene su propio error de deriva y debe calarse regularmente con la brújula si no queremos aterrizar (o lo que es peor, no hacerlo) unos grados más al este o al oeste del destino previsto. Pero, lo que es aún más importante, el indicador es un simple giroscopio, y puede dejar de funcionar correctamente si hay un fallo eléctrico o un fallo en la bomba de vacío. Y entonces sólo nos quedará la imperfecta brújula. 

(...)
 
Podríamos haber acabado en algún lugar entre Túnez y Marruecos. Por fortuna, yo sí tenía frescos los cálculos y me fiaba de ellos, y al cabo de una hora la Cessna se posaba en la única pista del aeródromo de la Axarquía. En la cena, superada la alteración, el piloto y el tercer pasajero me preguntan. Es muy sencillo: mi pasión por el vuelo es tan grande como mi miedo a volar. Si algún día me sucede algo allí arriba, no será porque no haya logrado resolver un problema que tenía solución.

Para saber qué solución: estudia".