sábado, 17 de enero de 2015

Mis hijos me han vencido

Foto: Bernard Faucon
15 de enero

T. me pide dos referencias francesas para sus líos. No me quiero implicar en ellos pero treinta años de amistad pesan, me pesa su generosidad casi nunca correspondida.
 
Le sugiero las primeras fotografías de Bernard Faucon, antes de que se dedicase a esos ejercicios inquietantes con los maniquíes niños.
 
Y un poema de Bonnefoy (aquí, en el original). Se han empeñado los traductores en buscarle tres pies al gato, cuando la traducción casi exactamente literal se deja leer (espero) con placer y no oscurece ningún sentido: 

Nombraré desierto al castillo que fuiste
noche a esta voz, ausencia a tu rostro,
y cuando caigas sobre la tierra estéril
nombraré al relámpago que te arrebató la nada.
Morir es un país que amabas. Llego
eternamente por tus sombríos caminos.
Destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria,
soy tu enemigo y no tendré piedad.
Te nombraré guerra y me tomaré
contigo las libertades de la guerra y sostendré
entre mis manos tu rostro oscuro y surcado,
y en mi corazón ese país que ilumina la tormenta.

***

11 de enero

Por más vueltas que le doy, no consigo dar con la clave. Sólo a veces, cuando estoy perdiendo la conciencia, o ya en sueños, vislumbro en una yuxtaposición de imágenes y palabras una salida limpia. Pero lo que en el sueño funcionaba con la precisión de un mecano se desvanece en la página. 
 
Sé que el nudo se deshará si y sólo si logro definir estrictamente unas reglas formales. Cuanto más rígida sea la forma, mayor la libertad. Ése es el motivo por el que un soneto o una fuga bien compuestos siempre son infinitamente superiores a la correspondiente forma libre.
 
Mamet lo contaba así, refiriéndose a la dirección de cine: "El propósito de la técnica es dejar libre al subconsciente. Si sigues las reglas concienzudamente, podrás dejar libre tu subconsciente. Esa es la verdadera creatividad. De lo contrario, te verás estorbado por tu mente consciente. Porque la mente consciente siempre está procurando gustar y resultar interesante. La mente consciente tenderá a sugerir lo obvio, el cliché, porque estas cosas ofrecen la garantía de haber gustado en el pasado. Sólo la mente que se ha salido de sí misma para enfrascarse en una tarea es capaz de desarrollar auténtica creatividad".

Hasta que eso ocurra, lo único que mantiene con vida el proyecto es mi fe en él. Entendiendo por fe la conciencia de que lo que está en juego es mi propia alma.

***

8 de enero

A propósito de Charlie Hebdo. Cuenta el Talmud que, después de un acalorado debate en un jeder sin especificar de Babilonia, rabí Eliezer invoca a las fuerzas de la naturaleza para probar la superioridad de su interpretación de la Ley frente a dos colegas. Un algarrobo se arranca de la tierra y va a arraigar cien metros más allá, un arroyo varía su curso, las paredes del jeder comienzan a temblar y amenazan con derrumbarse sobre ellos. Los dos colegas, sin embargo, se muestran impasibles. How could the Eternal do a temporal act? / The Infinite become a finite fact? (Auden).

Acorralado y sin argumentos, rabí Eliezer invoca al propio Dios: "Si tengo razón, que una voz celeste lo confirme". La voz confirma: "El rabino Eliezer lleva razón". Tras un breve desconcierto, rabí Yehoshua se encara: "Este debate no te concierne. La Ley no está en los cielos*. Nos confiaste la Ley, y está escrito que sobre ella se decide por mayoría**. Mantente, pues, al margen de nuestros debates".
 
Lo más asombroso de la enseñanza talmúdica no es la insolencia con que los rabinos piden a Dios que no se inmiscuya en los asuntos humanos, sino la propia reacción de Dios. Al escuchar la respuesta de rabí Yehoshúa, dice el Talmud, Dios se echó a reír y dijo:

"Mis hijos me han vencido".

* Deuteronomio XXX, 12.
** Éxodo XXII, 2.