viernes, 23 de mayo de 2014

Cuando en lo alto

 
 
 
De las similitudes entre el Enûma Elish babilónico y el Génesis, la que más llama la atención es la visión del mundo como una burbuja suspendida entre dos masas de agua. Dice el poema oriental:
 
Cuando en lo alto el cielo no
había sido nombrado,
no había sido llamada con
un nombre abajo la tierra
firme
 
Así que todo era agua y oscuridad, como en los primeros versos del Génesis, hasta que Marduk venció a Tiamat y seccionó su cuerpo en dos mitades, dos caparazones con los que contuvo las aguas.
 
A veces, ese agua sostenida por la bóveda celeste o por la tierra firme para que las criaturas podamos sobrevivir se filtra, y es la lluvia o son los ríos.
 
A pesar de las semejanzas de las metáforas visuales, el mundo del Enûma Elish es radicalmente diferente al descrito en el Génesis.
 
Los dioses del EE, además de ser multitud, no son omnipotentes. El panteón babilónico está sujeto a las leyes del azar, y los poderes de unas divinidades contrarrestan los de otras, un tanto como entre los dioses griegos. Por debajo de los dioses están los hombres, creados con el fin exclusivo de hacerles más placentera la vida a aquéllos.
 
Pero sobre todo, en el mito de la creación del EE el mal forma parte consustancial de lo creado, está allí desde el principio como una materia más; el mundo es un espacio amoral en el que no tendría sentido que existiese un jardín y en el jardín una higuera y entre sus ramas la posibilidad de pensar como un dios.
 
¿Es posible que J el yahvista y E el elohísta fueran conscientes, cuando dictaron los primeros versos, de que estaban incendiando el continente con lo que para otros no era sino una caja de cerillas?