martes, 8 de abril de 2014

Los niños Pliner (1)


Los alumnos de 6º grado de la escuela judía de Tallin.
En la fila inferior, primera a la izquierda, Miriam Pliner. En la fila intermedia, canoso, Samuel Gurin.   


Los niños de Jüri y Sofie Pliner, Miriam, David y Siima, tenían en 1941, respectivamente, 14 y 7 años. Miriam Pliner asistió a la escuela judía de Tallin hasta el año 1940, fecha en que las autoridades de ocupación soviéticas clausuraron todos los centros educativos y religiosos judíos del país y disolvieron las numerosas organizaciones de la comunidad. Es probable que los mellizos David y Siima Pliner estuvieran inscritos en la escuela de párvulos judía. En todo caso, en 1940, año en que deberían haber ingresado en el primer curso de la escuela de la calle Karu, y a lo largo de todo el año 1941, los días se les debieron hacer eternos en el apartamento paterno, en el entonces elegante distrito de Nõmme.
 
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La situación, obviamente, no haría más que empeorar con la entrada de las tropas nazis en el país, en el verano de 1941. Para toda la comunidad y especialmente para ellos. 
 
Las primeras ejecuciones tuvieron lugar tan pronto traspasó la frontera, siguiendo los pasos de la Wehrmacht, el Sonderkommando 1A, a las órdenes de un hombre del que ya he hablado aquí, el infausto Martin Sandberger (I, II y III). Poco después, Drechsler, el Comisionado General del Reichskommissariat Ostland, dictó la consabida orden restringiendo los movimientos de los judíos en la ciudad y obligándoles a llevar cosida en la espalda y el brazo la estrella de David. Y en los primeros días de septiembre la Policía Política estonia, la estructura paralela organizada por la Gestapo para facilitar la identificación y arresto de los elementos indeseables, se presentó en Nõmme y detuvo a Jüri (Jehuda-Juri Pliner, en los archivos de la comunidad judía de Tallin de 1937).
 
Su acta de ejecución está firmada el 16 de septiembre de 1941. Tenía 43 años. A partir de ese momento, los niños Pliner quedaron a cargo de Elisabet Litzenko, la segunda mujer de su padre.
 
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Sofie Pliner (Fuks)
 
La pista de Sofie Pliner (nacida Fuks) se había perdido un año antes. Tal vez, como muchos judíos que tuvieron el acertado instinto de temer más la posible invasión nazi que la brutalidad soviética, salvó el pellejo aceptando un traslado a Siberia. Tal vez con ella viajara también la primogénita de los Pliner, Schenny, nacida en 1924.
 
Así salvó también la vida Samuel Gurin, el que fuera director de la escuela judía de Miriam desde 1925 hasta su clausura, que terminaría la guerra ejerciendo de maestro en una escuela rural de Kazajstán. En 1945 regresó al país. A pesar de su pasado menchevique y bundista, los soviéticos (de vuelta en Estonia) le prohibieron ejercer su profesión de historiador. Malvivió unos años más impartiendo clases de lógica y psicología.  

En cualquier caso, quienes no aceptaron la amable propuesta de deportación de Andrei Zhdanov, el comisionado de Stalin en Estonia, bien por razones económicas (probablemente el propio Jüri Pliner, reacio a abandonar su consulta dental en Tallin), bien por razones religiosas (el rabino Aba Gomer, que se negó a evacuar el país mientras quedara allí un solo miembro de la comunidad), o simplemente por minimizar el riesgo de invasión de las fuerzas alemanas (Haim Ratut, el hojalatero), no tuvieron mucho tiempo de arrepentirse de su decisión.
 
 
Pasaporte familiar utilizado por los Gurin de camino hacia la Unión Soviética
 
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Esto es lo que llevaban los niños Pliner en sus dos maletas de cartón (una marrón, una beige), según consta en la última entrada del expediente:
 
12 pares de calcetines
9  faldas de varios colores
5 pares de guantes blancos
1 abrigo de invierno azul oscuro
1 bufanda de piel gris

Tan valiosa propiedad fue requisada por la autoridad estonia y diligentemente transferida a la alemana.