sábado, 26 de abril de 2014

Earthrise

Foto: Ansel Adams

Earthrise (Monólogo del astronauta)
 
Todos las mañanas me levanto a contemplar la salida de la Tierra. Así que esto era. Extrañado de ella, verla como es, fárrago de aire, agua y barro volando en círculos como un halcón sobre sí misma. Ensimismada.

Recorrerla de una sola vez entera a golpe del potente telescopio del recuerdo. Una leonada tarde de septiembre en la más humilde de las Eolias. La furia amarilla del calor ladrándonos en las horas insomnes de la siesta extremeña. Eran las lágrimas de Pablo en Montevideo por una culpa que no tenía. El resplandor cobalto de las nieves corriendo a derretirse a las orillas del Michigan. Bruselas: el tedio dominical de una infancia sin pantallas. Fuegos de artificio sobre la inmóvil escama del Pacífico. El bullicio del Tíber bajo nosotros un veinte de junio de mil novecientos ochenta y seis. Érase en Damasco un arma temblorosa nunca disparada. Noche en pasaje de tercera en un barco que cabalga a lomos del Tirreno. Un anciano y dos gallinas en una estación de autobuses de Madrid; el anciano llora. Un incendio de mástiles mientras dormíamos junto al cabo Ténaro. Son los cipreses que no dan sombra a la tumba del amigo en Jerusalén. Un iceberg a la deriva hacia las aguas del Trópico.

Esto era, mirarla despuntar a tantas brazas de profundidad y cada mañana encadenarme a este largo meridiano del amor y del dolor que me une a ella.