sábado, 26 de abril de 2014

Earthrise

Foto: Ansel Adams

Earthrise (Monólogo del astronauta)
 
Todos las mañanas me levanto a contemplar la salida de la Tierra. Así que esto era. Extrañado de ella, verla como es, fárrago de aire, agua y barro volando en círculos como un halcón sobre sí misma. Ensimismada.

Recorrerla de una sola vez entera a golpe del potente telescopio del recuerdo. Una leonada tarde de septiembre en la más humilde de las Eolias. La furia amarilla del calor ladrándonos en las horas insomnes de la siesta extremeña. Eran las lágrimas de Pablo en Montevideo por una culpa que no tenía. El resplandor cobalto de las nieves corriendo a derretirse a las orillas del Michigan. Bruselas: el tedio dominical de una infancia sin pantallas. Fuegos de artificio sobre la inmóvil escama del Pacífico. El bullicio del Tíber bajo nosotros un veinte de junio de mil novecientos ochenta y seis. Érase en Damasco un arma temblorosa nunca disparada. Noche en pasaje de tercera en un barco que cabalga a lomos del Tirreno. Un anciano y dos gallinas en una estación de autobuses de Madrid; el anciano llora. Un incendio de mástiles mientras dormíamos junto al cabo Ténaro. Son los cipreses que no dan sombra a la tumba del amigo en Jerusalén. Un iceberg a la deriva hacia las aguas del Trópico.

Esto era, mirarla despuntar a tantas brazas de profundidad y cada mañana encadenarme a este largo meridiano del amor y del dolor que me une a ella.

lunes, 21 de abril de 2014

Los niños Pliner (y 2)

 
Evald Mikson, en el centro de la fila inferior

20 de diciembre de 1941. Informe de la Prefectura de Tallin-Harju al jefe de la Policía Política, J. Pinka

Pliner, Jüri, casado con Sofie Pliner, ambos de raza judía. Sus tres hijos son David (n. 1934), Mirjam (n. 1927), Siima (n. 1934). Se desconoce el domicilio de los padres. Los niños viven ahora en la calle Nurme 39-7, distrito de Nõmme. Información: Elisabet Litzenko, Nurme 39-7, Nõmme.

Fdo: R. Pinka. Nõmme

29 de diciembre de 1941. Comunicación de Ervin Viks, jefe de la Policía Política de la Prefectura de Tallinn-Harju, al Hauptscharführer de las SS Dörsam, sobre las medidas a adoptar respecto a los niños Pliner.           

Mit u/Heutigen teilen wir Ihnen mit, dass 3 Kinder des Juden Pilner, Jüri (exekutiert) und seiner Ehefrau Sofie (Befinden unbekannt):

          David geb. 1934
          Siima   "  1934
          Mirjam  "  1927

gegenwärtig sich bei Elisabeth Litzenko, Nõmme, Nurme 39-7, befinden.

Wir bitten Sie um Ihre Stellungnahme in dieser Abgelegenheit.

Fdo.: E. Viks

30 de diciembre de 1941. Comunicación del jefe del Departamento de Información de la Policía Política (Prefectura de Tallin-Harju), Evald Mikson, a la inspección de policía de Nômme

Solicito aclaren la raza y religión de los sospechosos Taavet, Siima and Mirjam Pliner, así como la raza y religión de sus padres.

Fdo.: EM. Tallin

15 de enero de 1942. Respuesta del oficial A. Hane, del Departamento de Policía de Nõmme, a la anterior solicitud.
 
Al ayudante en jefe E. Ott.

Según información procedente de nuestros archivos, los hijos de Jüri Pliner, Taavet, Siima y Mirjam (no Miljan) son judíos de raza y judíos de fe. Sus padres son también judíos y de religión judía.  

Fdo.: A. Hane.

8 de marzo de 1942. Informe del oficial  L. Ranne sobre la familia Pliner

Jüri Pliner y su esposa Sophie son de raza judía, según consta en varios documentos del Ministerio de Interior.

Los niños son de su primer matrimonio, celebrado con fecha 31 de julio de 1923. Pliner se divorció el 31 de enero de 1941 y volvió a contraer matrimonio el 20 de agosto de 1941 con Elisabeth Letnikov, nacida en Polonia y de raza rusa.

Se verifica que los niños son judíos, pero Elisabeth Letnikov no. 

Fdo: L. Ranne

21 de marzo de 1942. Decisión del Sturmbahnführer de las SS Seyler, jefe del Departamento AIV de la Policía de Seguridad alemana en Estonia, sobre los niños Pliner

Die Kinder des Obengenannten mit Namen David, Siima und Mirjam sind zu exekutieren. 
Frau E. Letinkov ist unter Polizei-Aufsicht zu stellen.

Fdo.: Paul Seyler
 
***
 
Ni una sola de las personas que intervinieron en esta correspondencia, salvo tal vez el oficial Pinka en un campo de trabajo soviético, respondió por sus actos después de la guerra. La ruptura de relaciones con la Unión Soviética y un concepto pacato de la jurisdicción universal paralizaron la demanda de extradición de Ervin Viks, que envejecía plácidamente en Australia. La intervención de la justicia finlandesa llegó demasiado tarde para Evald Mikson, el ex cancerbero de la selección estonia, que se entretenía viendo prosperar a sus vástagos en las ligas de fútbol escocesa y alemana. Sandberger, el máximo responsable de todos ellos, fue condenado a muerte en 1948 y era un hombre libre en 1958.

It ain't over till the fat lady sings. Me aferré a esta creencia hasta que con los años descubrí que la dama cantaba para otra compañía y hacía ya tiempo que había entonado su última nota.

***

Los niños Pliner siguen enterrados en alguna parte del bosque de Männiku, seis kilómetros al sur de Tallin. Fuimos, y las únicas muescas de lo que pasó allí eran zonas acordonadas con las minas que fueron sembrando los alemanes, y a la vuelta nos bajamos a hachazos una botella de Vana Tallinn que mi estómago aún no ha digerido.


 

jueves, 17 de abril de 2014

Nota (De Atenas y Jerusalén)

 
De la tradición de estudiar el Libro desde todos los prismas concebibles, y del afán por desmenuzar generación tras generación cada una de las posibles interpretaciones, estas conversaciones de final imprevisible.
 
Todo empieza con un análisis aparentemente simple y literal. Abraham Ha-Ivri. Av, hamon, ivri: padre, multitud, el que cruza al otro lado. Sospecho, lo sospechamos todos, que quien lo escribió simplemente quería decir que para llegar de Ur Kasdim a Harán Abraham tuvo que cruzar el Éufrates. Pero qué habría sido de nosotros si no hubiéramos sido capaces de prescindir de los detalles de la geografía caldea para acabar en una discusión sobre el sentido metafórico del “otro lado”.
 
[Mientras A. y Ch. siguen desenmadejando el hebreo por un camino en el que me pierdo, recuerdo una conversación en que alguien preguntó a qué se debía la sobrerrepresentación judía en las humanidades y las ciencias. Resultó complicado explicar al suspicaz (en cuya cabeza revoloteaban oscuras potencias financieras y mediáticas) que en cualquier campo la superación del paradigma requiere grandes dosis de libertad interpretativa y de imaginación, y que el Talmud es una escuela insuperable donde hacer músculo].
 
Es Ch., el más entrenado en esa escuela, quien estira ivri hasta llegar al culto a la justicia entre los hebreos y los griegos, a las relaciones entre la doctrina social de los profetas y la constitución de los atenienses, al hilo que une a Isaías (“¿No es éste el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las coyundas del yugo, dejar ir libres a los oprimidos, y romper todo yugo?”) con Solón.
 
Se levanta, busca y lee:
 
“Podría testimoniar de esto en el tribunal del tiempo la gran madre de los dioses olímpicos, la excelente, la Tierra negra, de la cual antaño arranqué los mojones en muchas partes ahincados; ella, que antes era esclava y ahora es libre. A Atenas, nuestra patria fundada por los dioses, devolví muchos hombres que habían sido vendidos, ya justa, ya injustamente, y a otros que se habían exiliado por su apremiante pobreza... A otros, que aquí mismo sufrían humillante esclavitud, temblando ante el semblante de sus amos, les hice libres... []He dado una ley igual al hombre miserable y al pudiente”.

Más tarde se abriría el gran abismo entre la cultura judaica y la helénica. Pero hubo un tiempo en que los grandes líricos de Sión y los poetas trágicos griegos, los profetas judíos y los legisladores griegos, bebieron de una fuente común, se alzaron, frente al resto del mundo, en la otra orilla del Éufrates.

martes, 8 de abril de 2014

Los niños Pliner (1)


Los alumnos de 6º grado de la escuela judía de Tallin.
En la fila inferior, primera a la izquierda, Miriam Pliner. En la fila intermedia, canoso, Samuel Gurin.   


Los niños de Jüri y Sofie Pliner, Miriam, David y Siima, tenían en 1941, respectivamente, 14 y 7 años. Miriam Pliner asistió a la escuela judía de Tallin hasta el año 1940, fecha en que las autoridades de ocupación soviéticas clausuraron todos los centros educativos y religiosos judíos del país y disolvieron las numerosas organizaciones de la comunidad. Es probable que los mellizos David y Siima Pliner estuvieran inscritos en la escuela de párvulos judía. En todo caso, en 1940, año en que deberían haber ingresado en el primer curso de la escuela de la calle Karu, y a lo largo de todo el año 1941, los días se les debieron hacer eternos en el apartamento paterno, en el entonces elegante distrito de Nõmme.
 
***

La situación, obviamente, no haría más que empeorar con la entrada de las tropas nazis en el país, en el verano de 1941. Para toda la comunidad y especialmente para ellos. 
 
Las primeras ejecuciones tuvieron lugar tan pronto traspasó la frontera, siguiendo los pasos de la Wehrmacht, el Sonderkommando 1A, a las órdenes de un hombre del que ya he hablado aquí, el infausto Martin Sandberger (I, II y III). Poco después, Drechsler, el Comisionado General del Reichskommissariat Ostland, dictó la consabida orden restringiendo los movimientos de los judíos en la ciudad y obligándoles a llevar cosida en la espalda y el brazo la estrella de David. Y en los primeros días de septiembre la Policía Política estonia, la estructura paralela organizada por la Gestapo para facilitar la identificación y arresto de los elementos indeseables, se presentó en Nõmme y detuvo a Jüri (Jehuda-Juri Pliner, en los archivos de la comunidad judía de Tallin de 1937).
 
Su acta de ejecución está firmada el 16 de septiembre de 1941. Tenía 43 años. A partir de ese momento, los niños Pliner quedaron a cargo de Elisabet Litzenko, la segunda mujer de su padre.
 
***

Sofie Pliner (Fuks)
 
La pista de Sofie Pliner (nacida Fuks) se había perdido un año antes. Tal vez, como muchos judíos que tuvieron el acertado instinto de temer más la posible invasión nazi que la brutalidad soviética, salvó el pellejo aceptando un traslado a Siberia. Tal vez con ella viajara también la primogénita de los Pliner, Schenny, nacida en 1924.
 
Así salvó también la vida Samuel Gurin, el que fuera director de la escuela judía de Miriam desde 1925 hasta su clausura, que terminaría la guerra ejerciendo de maestro en una escuela rural de Kazajstán. En 1945 regresó al país. A pesar de su pasado menchevique y bundista, los soviéticos (de vuelta en Estonia) le prohibieron ejercer su profesión de historiador. Malvivió unos años más impartiendo clases de lógica y psicología.  

En cualquier caso, quienes no aceptaron la amable propuesta de deportación de Andrei Zhdanov, el comisionado de Stalin en Estonia, bien por razones económicas (probablemente el propio Jüri Pliner, reacio a abandonar su consulta dental en Tallin), bien por razones religiosas (el rabino Aba Gomer, que se negó a evacuar el país mientras quedara allí un solo miembro de la comunidad), o simplemente por minimizar el riesgo de invasión de las fuerzas alemanas (Haim Ratut, el hojalatero), no tuvieron mucho tiempo de arrepentirse de su decisión.
 
 
Pasaporte familiar utilizado por los Gurin de camino hacia la Unión Soviética
 
***
 
Esto es lo que llevaban los niños Pliner en sus dos maletas de cartón (una marrón, una beige), según consta en la última entrada del expediente:
 
12 pares de calcetines
9  faldas de varios colores
5 pares de guantes blancos
1 abrigo de invierno azul oscuro
1 bufanda de piel gris

Tan valiosa propiedad fue requisada por la autoridad estonia y diligentemente transferida a la alemana.

viernes, 4 de abril de 2014

Limpiarse el sudor y ver

 
 
Resulta difícil hablar, hasta con los más desprejuiciados, de las décadas más sangrientas de las Grandes Praderas, los años cincuenta a setenta del siglo XIX. Los humanos tendemos a leer en los hechos pasados de modo que el trayecto que conduce hacia un futuro que suponemos deseable se nos aparezca tan claro como un cadena de ADN. Nos tranquiliza poder decir: de aquellos polvos estos lodos, de aquella profecía esta utopía. Por desgracia para los especialistas y los espíritus mesiánicos, la historia rara vez es una revelación. Para zozobra de los progresistas más burdos, ni siquiera es una narración que mostrará siempre el perfil más favorecedor de los vencedores. Ars brevis et vita longa, y las tornas pueden cambiar en pocos años, a veces hasta presentar a los vencidos como ejemplos heroicos de lo que nunca fueron.
 
Por eso le cuenta a G., que a veces mira sin entender, que no siente más predilección por Roman Nose, el gran jefe cheyenne, que por William Philo (fatalidad semántica) Clark, el teniente del Segundo de Caballería que logró encontrar la paz y el tiempo necesarios entre la batalla de Little Big Horn y la batalla de Slim Buttes para escribir el gran tratado sobre la lengua de signos que utilizaban las tribus de las Praderas para comunicarse. Y que le aburren los debates del Plains Anthropologist sobre si la matanza de los colonos Hungate en Denver provocó la masacre de Sand Creek, si aquélla simplemente sirvió de justificación posterior a ésta, o si la brutal reacción de la alianza de sioux y cheyennes que venció en Little Big Horn tuvo su causa en el justo deseo de venganza de las mutilaciones y las impúdicas exhibiciones que los vencedores de Sand Creek hicieron de los cadáveres indios.
 
No es eso lo que le interesa, sino el polvo que levantaban en su migración anual las grandes manadas de bisontes entre los Grandes Lagos, el curso del Missouri, el Río Grande y la falda de las Rocosas hacia las Colinas Negras, y lo que dos parias como Roman Nose o Nathan Hungate pensarían al limpiarse el sudor para verlas.       
 
 
Jefe cheyenne. Foto: Edward S. Curtis