jueves, 20 de marzo de 2014

She weeps over Rahoon



Quien haya leído Dublineses recordará tal vez a Gabriel Conroy devorado por los celos del primer amor de su mujer en el párrafo final de "Los Muertos", mientras Gretta duerme en la cama cercana y la nieve cae sobre la tumba de Michael Furey.
 
John Houston incluyó una versión muy alterada del párrafo en los minutos finales de "Los muertos".
 
La verdadera Gretta, Nora Barnacle, tuvo un amor anterior a Joyce (quien apenas se molestó en cambiar su verdadero nombre: Michael Feeney) muerto, como Furey, muy joven, y enterrado, como Furey, en el cementerio de Rahoon, a las entonces afueras de Galway. No está claro que Nora correspondiera a aquel amor, pero sí que sobrellevó un insuperable sentimiento de culpa por su muerte.
 
Joyce acudió solo a Rahoon. Lo que debió de pensar frente a la sepultura de Furey-Feeney está quizá reflejado en ese párrafo último de “Los muertos”, que, sin embargo, no deja entrever sus propias fantasías sobre lo que podría sentir Gretta-Nora. Esa fantasía, el verdadero origen de su tortura, aparece de forma más explícita en un poema escrito en Trieste en 1913, un año antes de que escribiera el cuento: She weeps over Rahoon.
 
Las dos traducciones de que tengo noticia, la versión de José Antonio Álvarez Amorós (JJ, Poesía completa, Visor, 2007) y la anterior de José María Martín Triana (JJ, Poemas manzanas, Visor, 1970) son mejorables. Les propongo otra, en la esperanza de haber captado algo de esa “danza del intelecto entre las palabras” de que hablaba Pound, que en este caso tiene mucho que ver con la capacidad para resolver el juego de verbos, sustantivos y adverbios del original (falls softly, softly falling / Sad ... calls me, sadly calling), y para salir airoso de las difíciles grey moonrise y moongrey nettles 

Llora sobre Rahoon

Cae la lluvia callada sobre Rahoon, calladamente cae
Sobre la tierra en que mi oscuro amado yace.
Triste me llama su voz, tristemente llama
cuando se alza en lo gris la luna.

Escucha, amor,
qué callada, qué triste su voz por siempre llama
por siempre sin respuesta, escucha la lluvia oscura
que caía entonces como cae ahora.

Oscuros también, amor, yacerán nuestros corazones, fríos
como yace su triste corazón
bajo las ortigas grises de luna, el musgo negro
y la lluvia que murmura.

En correspondencia con esta versión de She weeps over Rahoon, les propongo también esta otra traducción del párrafo citado al principio. Juega con parecidas repeticiones (falling softly, softly falling/ falling faintly, faintly falling) y también reaparece aquí, ahora en forma de monólogo interior, el hombre de la tercera estrofa, un Conroy herido de muerte por un pasado que no puede cambiar.

“Sí; los periódicos estaban en lo cierto. Nevaba sobre toda Irlanda. La nieve caía sobre la oscura llanura central, sobre las colinas despobladas, caía callada sobre el mégano de Allen y, más al oeste, callada sobre las revueltas y oscuras aguas del Shannon. Caía también sobre cada rincón del solitario cementerio de la colina en que yacía Michael Furey. Se acumulaba espesa en las cruces y losas encorvadas, en las rejas de la cancela, sobre los espinos sin vida. Su alma se desvanecía lentamente mientras oía la nieve caer lánguidamente sobre el universo y lánguida, como en el descenso hacia su último fin, caer sobre todos los vivos y sobre los muertos”.

Sólo había pasado un año, pero el pasaje en prosa es infinitamente superior al poema. Lo que ya es mucho decir.