miércoles, 6 de noviembre de 2013

Paseos romanos (3) Piazza Brin

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(La cosa che mi piace più di tutte è vedere le case, è vedere i quartieri. E il quartiere che mi piace più di tutti è la Garbatella, e me ne vado in giro per i lotti popolari...).
 
La Garbatella, mi barrio en Roma junto con el vecino Testaccio. En uno de los edificios que quedaron a salvo del sacco di Roma (el de los sesenta, el de los tiburones urbanísticos). Un envoltorio barroco (más bien barocchetto) de gárgolas, frisos y molduras con motivos florales y animales, balconcillos de media luna, ventanas altas y estrechas con arcos de medio punto, y una construcción interior muy pobre. Nada de los mármoles de los palacios de los rioni del centro. Mucha escayola, mucho estuco. Pero también patios. Cada casa tiene su patio y cada patio su selva de pilistras y helechos. Porque la Garbatella, barrio históricamente rojo y resistente, y por añadidura de la Roma, se construyó para los campesinos que llegaban de provincias a convertirse en obreros. Y para consolarles de la melancolía que les embargaría al asomarse a la ventana estaba el minúsculo jardín. Para evocarles el huerto. Allí acabamos los dos errabundos. Mantuvimos una fugaz y tórrida relación, seguramente, pienso ahora, porque en aquellos cuarenta metros no había nada; ni televisión, ni un solo libro, ni un miserable calendario en que leer frases célebres de San Agustín. Y porque hacía frío y las paredes rezumaban humedad y cuando el mistral azotaba, el apartamento parecía desplazarse de un lado a otro como un balandro a la deriva, navegando sin rumbo por encima de piazza Brin.