miércoles, 30 de octubre de 2013

Plumas prestadas


Retrato de Chandos. Autor y modelo dudosos.
 
Sigo debatiendo con un conocido el asunto del pago por contenidos. Desliza ahora un argumento tradicional: la defensa frente al plagio. Otra de esas razones que no existían antes de que la obra, por motivos bien poco espirituales, se convirtiera en objeto de explotación mercantil por parte de terceros. 
 
Lo que ahora se denomina plagio fueron durante siglos préstamos y han sido moneda corriente en la historia de la literatura. Shakespeare, por no hablar de autores de menor fuste, no sólo bebió de fuentes anónimas (el ejemplo más conocido es el argumento tomado de King Leir, que a su vez bebía de la Historia Regum Britanniae de Monmouth del siglo XII, quien a su vez decía haberse limitado a traducir partes de la obra de Gildas, el misterioso monje del siglo VI), sino abiertamente y sin complejos de Plauto y Suetonio para sus tragedias de tema clásico, y de las formas de Marlowe (hasta el punto de dar pie a la teoría conspiparanoica de que Sh. y él fueron uno y el mismo). Eso sin contar con que el proceso de aprendizaje de un arte siempre atraviesa una fase de copia de los modelos anteriores probados con éxito. Cuando era joven e inseguro, venía a decir un poeta consagrado cuyo nombre he borrado, citaba a mis maestros; ahora que soy viejo y he obtenido reconocimiento les copio sin citarles. 
 
O, y en este caso sí recuerdo el verso exacto y a su autor, “of borrow´d plumes I take the sin” (Adam Gordon).