viernes, 4 de octubre de 2013

Hey Joe


Foto: Jeff Lynch
 
Comarcal 503, dirección sur. Marchan por la cuneta matrimonios endomingados, grupos de mujeres cogidas del brazo, un hombre solo que hace bailar una vara en el aire. ¿Camino del cementerio? A pesar de diciembre conduzco con la ventanilla abierta. La mano derecha en el volante y la izquierda jugando con el viento de frente, como si fuera una pobre Piper esquivando cizalladuras. Canto con Deville: “I’m going downtown, I’m gonna buy me a blue-steel 44”. Así de caprichosos son mis recuerdos de aquel trayecto.

Lo que no son recuerdos lo tengo anotado a lápiz, aprovechando la última página de respeto y el colofón del libro que llevaba entonces conmigo. Transcribo: “A la entrada de N., en lo que debió de ser una era, una pareja de quebrantahuesos. Debían estar pasando mucha hambre; de otro modo no se entiende su presencia en ese jaral. Espero a que una docena de personas salga de misa. Iglesia sin interés, plagada de prótesis y revocos. El sacristán, tras su melifluo disfraz primero, resulta ser un truhán. El argumento que ofrece para no hablar del paso de O. por aquí es escurridizo. Mi desconfianza se acrecienta con sus oscuros obiter dicta, que no guardan ninguna relación ni con aquél ni con mis preguntas. Mientras habla, pienso que nadie podría aguantar un sermón en esta nave sin la ayuda de un brasero de picón. Mientras habla, una parte de mí aún escucha los violines de Hey Joe. Mientras habla, cada palabra suya centellea en el aire enrarecido del crucero antes de pulverizarse como un cristal hecho añicos. Mientras habla, leo de reojo un folio ciclostilado que promete a los fieles una peregrinación por las mismas aguas que transportaron el cadáver del Apóstol. Tres vueltas al cerrojo del templo y le veo alejarse con la luz a las espaldas, contoneando las caderas como una vieja puta de la calle Valverde. A la salida, bajo la luz tramposa del lubricán, los quebrantahuesos han desaparecido. Bien porque no saben cazar en llano, bien porque una cuadrilla desaliñada de buitres leonados acaba de reconquistar su vedado. Campillo de la Jara, 11/XII/1999”.