jueves, 12 de septiembre de 2013

You never can tell

video
 
[Nocturna a A.N.]
 
Querido A.:
 
Pasaron los días de la angustia, luego los del aturdimiento y ahora también las noches en que soñaba con las fauces abiertas del horno que rugía con los motores a toda máquina, el calvo del tanatorio que esperaba mi señal, nosotros tres junto a las puertas batientes, la luz furiosa del mediodía agosteño, pero no quería ponerme las gafas oscuras, no entró nadie más, mejor así, sólo el murmullo en la sala donde estuvo unas horas el ataúd, el asentimiento indicado con una breve inclinación de la cabeza, que nadie pensase que las llevaba para ocultar nada, las manos de los chicos sobre mis hombros, porque no derramé una sola lágrima en público, uno a cada lado, serios y enteros, quiere verle por última vez, quería marcar distancias con respecto a cualquier posible representación, no, gracias, no es necesario, y además con gafas oscuras parezco una groupie, los chicos miran al frente sin parpadear, una lección de hombría y de saber estar, no es necesario, ahí tienes una respuesta estúpida, vista como vista cuando me las calzo parezco alguna versión desmejorada de Chrissie Hynde, un gesto a un segundo empleado y la máquina cambia a una marcha más larga, parece una nave espacial a punto de despegar, y tal vez sea literalmente eso, un transporte a otro lugar, los pantalones ceñidos, las botas de tacón, el atuendo podría pasar, pero con las gafas oscuras, aunque en verdad no lo creo, éste es nuestro único lugar, así que nada de representaciones, y no obstante una sensación de vacío, qué es este irse sin palabras ni ceremonia, sin más, y por dentro musito algunos fragmentos del kadish, y así salgo, ni gafas negras ni ropa negra ni semblante oscuro, la galería piense lo que le vague y las tribulaciones mejor para el alma, del kadish katán, e incluso me entretengo observando el polígono de Villanueva, las naves de piensos y de repuestos mecánicos, la sala de fiestas Casablanca, porque de la versión larga del kadish quién se acuerda, beso a personas que ni reconozco, incluso al decir de los chicos mantengo conversaciones que luego no recuerdo, por las apariencias uno nunca podría decir, y en ese estado anestesiado paramos a comer en Berzocana, tengo un hambre voraz y el recuerdo de la nave espacial me hace sonreír, hambre al que hace sombra cierto sentimiento de culpa, pero puede el hambre, fíjate, más hambre que culpa, más hambre que pena, más hambre que cansancio, hasta que con los días llega el vacío, un vacío que se enseñorea hasta del hambre, dejando eso sí a salvo ese otro hambre de ceremonia que la cercanía de Yom Kipur va saciando, que tu vídeo ha transformado en consuelo, al menos el consuelo de haberle tenido por padre. Oiga, N., no le tenía por tan buen tenor: tú también si cambiaras esa montura años treinta benjaminiana por unas Oakley negras parecerías otro. No más guapo, estás tremendo cantando, tremendo en esa mirada de los últimos segundos, pero otro al que yo conozco cuando se calza las Oakley y cambia el Kol Nidré por You never can tell. 'Cause you never can tell.
 
Kol tuv,
PJ