jueves, 5 de septiembre de 2013

Entre la idea y la realidad

 
La prohibición rabínica de utilizar instrumentos musicales en las sinagogas se instauró para llorar la destrucción del Segundo Templo. La única excepción a la norma, que aún rige en algunas comunidades ortodoxas, era el shofar. Pero claro, del shofar no brota melodía alguna, sino una suerte de bramido que recuerda precisamente a un largo lamento. Lo que se perdió por un lado se ganó por otro, y la liturgia se enriqueció con bellísimas composiciones corales.
 
Por ejemplo, este B'rosh hashaná, aquí instrumentado y en versión de Itsjak Glickstein, cuya letra
 
En Rosh Hashaná está escrito
y en Yom Kipur estará sellado
quién habrá de morir y quién nacerá, etc.
 
siempre me recuerda a unos versos de Eliot:
 
Entre la idea
y la realidad
entre el movimiento
y el acto
cae la Sombra.
 
Shaná tová.