lunes, 19 de agosto de 2013

Mene mene tekel u'farsin

Detalle: Mene mene tekel u'farsin (Rembrandt)
 
(...) Pero hay una segunda razón, al menos tan poderosa, y es la determinación, llamémosla así, con que se ha actuado hacia los judíos, fueran éstos ortodoxos o no, practicantes o no. Los marranos españoles (por no remontarnos a las víctimas de progromos más lejanos) llevaban la marca de David por mucho que sacudieran las alfombras en viernes, comieran cerdo a dos carrillos en público y demás alharacas para sosegar a sus vecinos. En la Alemania del año 35, un cuarto de “sangre judía” bastaba para que cayese sobre ti todo el peso de las leyes de Núremberg, aunque tus antepasados se hubieran convertido al protestantismo hace un siglo y tú hubieras sido bautizado en la mismísima catedral de Bonn. Los gobiernos colaboracionistas tampoco hicieron distingos entre los llamados “judíos cristianos” y los que acudían a la shul cada Shabat, ni entre asimilados y jasídicos. Esta “condena de sangre” se percibe incluso hoy en cuanto en una conversación en principio distendida sobre el conflicto palestino alguien descubre o tú haces explícita tu filiación. Tus argumentos pasan a valer un pimiento, y poco importa que haya judíos antisionistas, sionistas gentiles y judíos que defendemos la solución de los dos Estados, o que el interlocutor en cuestión (que suele ignorar supinamente los detalles de la historia del pueblo de Israel, los vericuetos de las decenas de negociaciones fracasadas o la infinita gama de grises de la política judía) no sepa más que marear cuatro ideas enlatadas y te muevan a risa (o a indignación, según el temple del día) los consabidos prejuicios paranoicos sobre nuestra omnipotencia. La condición judía se nos impone por encima de nuestra nacionalidad y de nuestra ideología.
 
Así que cómo quieres que no sea en efecto, antes que cuatrocaminero y madrileño por nacimiento, belga por la crianza que Bruselas me dio, chicaguense por agradecimiento, ginebrino por adopción, piel roja por sentimentalismo, romano por vocación y apátrida por ideología, por encima de todo judío. Y lo seré tanto más cuanto más difíciles (mene mene tekel u'farsin) sean nuestras circunstancias. Porque así se encargarán de decírmelo desde fuera y porque así lo deseo por dentro.

Un abrazo cordial,
L.A.