miércoles, 3 de julio de 2013

Los mudos

Foto: Juan Rulfo
 
 
Extraño sueño. Una cantinela se repetía, indiferente a su extemporaneidad: no existen enfermos, existe la Enfermedad.
 
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Releo estos días el Libro de Job (tercero de los Ketuvim). Aunque nunca del todo inconsciente de los ríos de tinta que se han vertido sobre su causa, sobre los argumentos de sus amigos Elifaz, Sofar, Bildad y Elihú, y sobre la traca divina final, mi interés es fundamentalmente literario. Hace unos meses cayeron en mis manos los hermosos versos del capítulo 38 ("Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo? / ¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra? / ¿Has calculado las anchuras de la tierra? Cuenta, si es que sabes, todo esto. / ¿Por dónde se va a la morada de la luz? y las tinieblas, ¿dónde tienen su sitio?, etc.").
 
Al poco de comenzar la lectura, me doy cuenta de que puede leerse como un alegato frente al poder absoluto. Hay casi tantos Job como rabinos han hablado sobre él, leo en el ensayo de Judith Baskin. He aquí otro Job más.

Job es la víctima de un tirano, alguien que no tiene acceso a los términos precisos de la acusación que se le hace ni a ningún mecanismo procesal de defensa, un personaje que se anticipa en veinte siglos a Joseph K. "Arguye tú y yo responderé; o bien yo hablaré y tú contestarás. /¿Cuántas son mis faltas y pecados? ¡Mi delito, mi pecado, házmelos saber!", suplica (capítulo 13).

Y,después, insiste: "¡Quién me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada! / Un proceso abriría delante de él, llenaría mi boca de argumentos. / Sabría las palabras de su réplica" (capítulo 24).

Sus así llamados amigos (con amigos como éstos, quién necesita enemigos, debió de pensar) se comportan como esperaríamos lo hiciera cualquier ciudadano temeroso de ser relacionado con el caído en desgracia. Job les reprocha: "¡Piedad, piedad de mí, vosotros mis amigos, que es la mano de Dios la que me ha herido! / ¿Por qué os cebáis en mí como hace Dios, y no os sentís ya ahítos de mi carne?".
 
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Estos días de calor me echan a la calle. No digo que no a ninguna propuesta y empalmo varias cenas seguidas con viejos amigos. U. cae una y otra vez con el mismo tipo de mujeres. A pesar de su racionalización. Me explica con lujo de detalles la diferencia entre ansiosos, evasivos y seguros, una tríada inventada por algún conductista, y lo que resulta de las distintas combinaciones entre ellos. Ansioso con evasiva, mal, me dice. Muy mal. Es lo que me pasó a mí con zutanita. Ansioso con segura, bien. Lo mejor. Sería lo mejor, pero no consigo enamorarme de una segura. Es lo que me pasó con mengana. Ansioso con ansiosa también mal, pero es lo único que me pone. Le sugiero que se haga con un perro. Ellos no son, si he entendido bien la taxonomía, ni ansiosos ni evasivos.

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" (...) Arracher cette famille pauvre au destin des pauvres, qui est de disparaître de l'histoire sans laisser de traces. Les muets. Ils étaient et ils sont plus grands que moi".
 
Albert Camus, Le premier homme

Ya lo había dicho en su discurso de aceptación del premio Nobel (diciembre de 1957):
 
"Nous autres écrivains du 20e siècle (...) devons savoir (...) que notre seule justification est de parler, dans la mesure de nos moyens, pour ceux qui ne peuvent le faire".

Me quito el sombrero.