viernes, 3 de mayo de 2013

El agua de los lecheros



Detesto la prosa poética, los poemas que podrían convertirse en fragmentos de prosa con apenas destruir el artificio de la división en versos y cualquier otra variante de violación de las fronteras entre géneros hoy tan de moda. La poesía, como la música, tiene sus propias reglas, y el resultado de revolver armonías y ritmos, de la famosa fusión, suele ser un esperpento. Ni bolero ni flamenco.
 
Hago una excepción cuando un novelista está dotado de una de las cualidades que más admiro: la capacidad de despojar por un momento a un personaje de sus rasgos más realistas para que hable como sólo su inconsciente podría hacerlo, sobrevolando en una especie de rapto onírico todas las convenciones que le ataban a la tierra firme de la trama. En otras palabras, dejar que se exprese en lenguaje poético, el único capaz de (en caso dichoso) ramificar de forma inesperada una percepción, y que nos lo creamos. Como creemos a pies juntillas al fabuloso Gabriel, drag de noche, cuidador no muy celoso de la perversa Zazie durante la jornada, en uno de sus inmensos monólogos:
 
"Pourquoi qu'on supporterait pas la vie du moment qu'il suffit d'un rien pour vous en priver? Un rien l'amène, un rien l'anime, un rien la mine, un rien l'emmène. Sans ça, qui supporterait les coups du sort et les humiliations d'une belle carrière, les fraudes des épiciers, les tarifs des bouchers, l'eau des laitiers, l'énervement des parents, la fureur des professeurs, les gueulements des adjutants, la turpitude des nantis, les gémissements des anéantis, le silence des espaces infinis, l'odeur des choux-fleurs ou la passivité des chevaux des bois, si l'on ne savait que la mauvaise et proliférante conduite de quelques cellules infimes (geste) ou la trajectoire d'une balle tracée par un anonyme involontaire et irresponsable ne viendrait inopinément faire évaporer tous ces soucis dans le bleu du ciel".
 
¿Quién no querría escribir poesía como Queneau escribe prosa? Gabriel  y toda la tropa de desarrapados que le sigue por los barrios de París han sido un gran consuelo estos días, capaces de arrancarme la risa en desoladas habitaciones de hotel.