domingo, 24 de marzo de 2013

Lecturas ginebrinas (4)






De las lecturas de este mes pasado, extraigo las siguientes notas apresuradas, tomadas en el 1 camino de la Rue de Lausanne, en el 25 de vuelta a Saint-Jean, en las pausas del café, en las esperas de las citas en el Remor, que no he tenido ni tiempo ni demasiadas ganas de pulir:

En el extraño Libro de Yukel, de Edmond Jabès, judío egipcio y forzado al exilio como André Aciman y Gabriel Josipovici, subrayo:

«Nosotros teníamos una tierra y un libro. Nuestra tierra está en el libro.» (Reb Riel)

De lo cual escribí hace un tiempo.

«En el diálogo que pretendo, está abolida la respuesta; pero, a veces, la pregunta es el fulgor de la respuesta. Mi camino está cribado de cristales.» (Reb Librad)


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"Un bel morir tutta una vita onora". Con esta cita de Petrarca encabeza Mutis su serie sobre Maqroll el Gaviero. ¿Pero en qué consiste el bel morir? ¿En una disposición estoica del ánimo, en no perder los papeles? ¿En hacerlo por una buena causa? ¿En la elección de una forma elegante de quitarse de en medio? No veo en la muerte de D. nada bello, sino una sucesión de errores de juicio que desembocó en un final violento, absurdo y feo. 

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Sobre la diferencia entre el símbolo y la metáfora, Tarkovsky:

“We can express our feelings regarding the world around us either by poetic or by descriptive means. I prefer to express myself metaphorically. Let me stress: metaphorically, not symbolically. A symbol contains within itself a definite meaning, certain intellectual formula, while metaphor is an image. An image possessing the same distinguishing features as the world it represents. An image — as opposed to a symbol — is indefinite in meaning. One cannot speak of the infinite world by applying tools that are definite and finite. We can analyse the formula that constitutes a symbol, while metaphor is a being-within-itself, it's a monomial. It falls apart at any attempt of touching it.”

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Dice José Gaos: "En amor es inútil pedir piedad; si hace falta pedirla es porque aquel a quien se le pide ya no la tiene".

Pero si uno se descubre pensando en ello, aunque sea incapaz de darla, ¿no será que aún conserva una brizna de compasión?


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Sobre el fracaso y la actitud ante él hace pensar, y mucho, la lectura del Limonov de Carrère. Ahora que la distancia me permite ver a quien tanto admiré como un personaje más folletinesco y desventurado que malévolo:

Era tan incapaz de digerir las dimensiones de su fracaso personal, profesional, artístico, que debía atribuir toda su causa a la perfidia del Otro. Por eso en su vocabulario figuraban con tanta frecuencia las palabras verdad, enemigo, bien, mal, traición, falsedad, y sus escritos estaban plagados de aforismos concluyentes sobre estas nociones que procuraban dar al fracaso la dignidad de la victoria. Y por eso consideraba también que un ser tan acechado merecía todas las atenciones. Era el centro de su propio universo, un universo desangelado en el que brillaba una única estrella, una de esas estrellas hace tiempo muertas cuya luz a veces engaña los sentidos.


Foto: Andréi Tarkovsky