miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un engaño piadoso

 
Arnold Böcklin. Autorretrato

Leo sobre Mar Saba y el fragmento que cita Stroumsa de la supuesta carta de Clemente de Alejandría (sobre el evangelio secreto de Marcos). Un alarde de erudición. Pero lo que me hiela la sangre es llegar al párrafo en que Cristo pronuncia estas palabras:
 
"Ahora lo sé: mi vida ha sido sólo trampa, cartón y nada. / Tú me has despertado y quiero agradecértelo, Señor de las Tinieblas. / El agua de la fuente que sonaba en la noche arrullando mi sueño, / la mano que besaba de niño antes de irme a dormir, / el rumor de los árboles al amanecer, / los labios que decían quererme… / Todo era verdad y sólo yo, escondido del mundo detrás de mi sonrisa, / de mis vanos milagros y de la sombra del Padre, / sólo yo era mentira, un engaño piadoso. / No he resucitado, sólo he regresado un instante / de donde no se vuelve / para poder decíroslo".
 
No logro dormir después de leerlo. A eso de las tres regreso a la cama. Cuando por fin caigo, sueño con monasterios tallados en las duras montañas del desierto de Judea; con versos sueltos que procuro recordar en cuanto despierto pero que húyen al querer fijarlos en mi memoria; con una casa diminuta y recién encalada de donde sale un niño que no es ninguno de los míos y sin embargo es mío. Sueño que imploro piedad y al tiempo que pronuncio las palabras me hago consciente de que el implorado no puede tenerla. Los timbrados acaban de nacer y yo preparo la pasta de cría en una casa al sur de Francia que he alquilado hace poco tiempo. Supongo que ha sido este último fragmento piadoso el que me ha permitido descansar al fin.