martes, 18 de diciembre de 2012

Desdémona

 



Otelo y Desdémona (en el libreto de la ópera de Verdi):


Desdémona: "Le amé por sus desgracias".
Otelo: "La amé por haberlas compadecido".


Otelo habla a Brabantio (la traducción del texto de Shakespeare, de Pérez de Ayala)

 
"Mi habla es ruda, no tiene el don de las blandas frases apacibles (...). Su padre y yo éramos amigos. Me invitaba a su casa con frecuencia y pedía que le contase la historia de mis fortunas, sitios y batallas que hube de pasar. Le referí mi vida entera, desde mis días infantiles, a su entero placer y talante. Le hablé de desastrosas aventuras y emocionantes accidentes por tierra y en la mar; de peligros graves en que libré por un cabello, sobre la mortal brecha; de cómo fui apresado por el insolente enemigo y vendido en esclavitud; de mi liberación y de mis largas jornadas; de las cavernas enormes y los desiertos estériles; de los rudos subterráneos y de las rocas y montes cuyas sienes tocan el cielo (yo hablaba, hablaba, eso fue todo); de los caníbales que se devoran entre sí; de los antropófagos y otros hombres cuya cabeza nace más abajo de los hombros. Y oyéndome Desdémona, que estaba presente, se inclinaba con aire meditabundo. Huía a veces, porque los menesteres caseros la requerían. Pero volvía presto y con solícito oído devoraba mi discurso. Como yo lo observase, tomé a mi cuenta una hora favorable y acerté a conseguir que ella me rogase en su corazón que aquello que a retazos me había oído se lo contase por entero. Consentí, y no pocas veces gocé de sus lágrimas al narrar algún trance desastroso que mi juventud había sufrido. Tal es mi historia. En pago de mis venas me dio un mundo de sollozos… Me amó por mis desventuras; la amé por haberlas compadecido. No otras fueron las artes de encantamiento que empleé”.