lunes, 26 de noviembre de 2012

Nacido en Szetejnie





"(...) Hijos de un alma tímida que la tristeza arroja al delirio".

Baruj Spinoza, Tratado teológico-político.

No es lo mismo nacer en Szetejnie que nacer en Londres. Ni escribir en un idioma tan complejo y minoritario como el polaco que en la lengua franca del siglo XX. Por eso tardó tanto en llegarle el reconocimiento a Milosz, un poeta de la altura de Eliot, si no mayor. Me pregunto cuántos escritos no llegarán a nuestras manos a causa de un mero azar geográfico.
 
Para muestra, estos cuatro botones:
 

Lamento

Espejos en los que vi el rubor de mis labios,
¿Quién va ahí, quién a sí mismo se descubre de nuevo?
Collar de ágata, perdido, derramado,
¿Qué hormiga viene a visitarte en el umbroso bosque?
Corchete arrancado por la urgencia del amor,
¿En el fondo de qué inmenso río descansas ahora?
Llanto mío de cuando iba a abandonarme el amigo,
¿Por qué no logro recordarte?
Pasó ayer y no sé si pasó.
Salí corriendo a la escuela, con el bastón regreso, encorvada y seca.
Hermanas mías de los sarcófagos romanos, yo quise ser la única,
pero ya me enlutan, me llevan ya por el mismo portal.  
Regalo 
El día tan feliz.
La niebla se levantó temprano, trabajé en el jardín.
Los colibríes, vuelo inmóvil, sobre la flor de caprifolium.
No había en la tierra qosa alguna que quisiera tener.
No conocía a nadie a quien pudiera envidiar.
Olvidé el mal ya pasado.
No me avergonzaba pensar que fui éste que soy.
No sentía dolor alguno en el cuerpo.
Incorporándome, vi el mar azul y unas velas. 
Encuentro
Íbamos antes del alba por los campos helados.
Se levantaba el ala roja, aún era de noche.
Y de repente una liebre cruzó nuestro camino.
Y uno de nosotros la señaló con la mano.
Esto fue hace años. Hoy ya no están vivos
ni la liebre ni quien la señaló.
Dónde están, amor mío, adónde van
destello de la mano, trayecto de la fuga, crujido del terrón,
ensimismado pregunto, y no es por el pesar.


Tarea 
Con espanto y temblor, pienso que hubiera cumplido con mi vida
sólo si me hubiese atrevido a la confesión pública
revelando el engaño, mío y el de mi época:
nos fue permitido expresarnos con el croar de los enanos y de los
demonios,
porque las palabras puras y dignas estaban prohibidas
bajo castigo tan severo que si alguien se arriesgaba
a pronunciar tan sólo una de ellas
ya a sí mismo se consideraba perdido.

[La traducción, de Barbara Stawicka]