viernes, 30 de noviembre de 2012

La progenie del preso 24601

 


Abandonados por la izquierda socialdemocrócrata, una semilla que nunca llegó a brotar en España. No, en todo caso, en la forma que uno hubiera podido defender: una socialdemocracia a la nórdica, incluso a la alemana de las décadas gloriosas. Repugnados a la vez por la izquierda radical, víctima de esa enfermedad que ya identificó hace ochenta años Bertrand Russell: la creencia en la superioridad moral de los oprimidos.

Decididos a no comprar como izquierda a partidos que no lo son. Pero contrarios también a sucumbir a ese síndrome que ha llevado a la otra izquierda a justificar lo injustificable: las masacres soviéticas, el odio dogmático hacia los Estados Unidos, los sanguinarios experimentos de los partidos así llamados socialistas en Oriente Medio (el Baath de Sadam Hussein en Irak y de Bashar Al-Assad en Siria, la Yamahiriya de Gaddafi), las dictaduras del socialismo africano, los regímenes autoritarios latinoamericanos en Venezuela o Cuba.
 
¿Entonces qué? Reivindicar la izquierda ante el liberalismo de derechas y el viejo liberalismo político ante la izquierda. Tal vez eso le convierta a uno en un fabiano.
 
Es posible que sea ese rechazo hacia estos dos hijos de la izquierda marxista lo que me hace volver con frecuencia la vista a las revoluciones de 1830 y 1848. O quizá sea al contrario, y fuera la lectura temprana de Los miserables la que condicionó para siempre mi actitud de alejamiento tanto de la izquierda light como de la izquierda con las manos manchadas de sangre.

Who am I? No lo sé; tal vez un tataranieto del preso 24601, un tal Jean Valjean.


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