miércoles, 21 de noviembre de 2012

I'll stand by you

 

 
 
Tiene una de esas caras en que puedes rastrear la genética francesa y la italiana. Un rostro que tiene algo de romano antiguo, el pelo oscuro rizado, los ojos rasgados de un verde poco frecuente que mis problemas con los colores no me permiten definir, la nariz recta, los labios perfectamente delineados. Unas manos grandes que llaman a refugiarse. Un cuerpo que quita el hipo, fibroso, naturalmente musculado.

***

Percibo que algo está cambiando cuando llega la tarde y empiezo a mirar la hora en el teléfono. Cuando los amigos me recriminan cómo dejo de prestarles atención en cuanto entra por la puerta. Cuando le escucho trastear con la cafetera en la cocina y me levanto silbando de la cama. Cuando comenta al paso que le habló de mí a A. y se sonríe en secreto el corazón. Cuando una mujer le mira y se me ocurren media docena de insultos que tengo que mantener a raya para que no salten a mi boca. Cuando el otro día, delante de L. y S., a quienes desde hace tres años tenía protegidos de mis relaciones, respondí con una caricia poco equívoca a su gesto de agarrarme por la cintura.

***

A media noche telefoneé. ¿Es allí Guadalupe? Aquí es. ¿Con quién se habla? Con la nieta de Germán y de Manuela. ¿Oiga? ¿Me oye? Le oigo, pero aquí no hay nadie que se llame Germán o Manuela. Hace años que murieron. No, todavía no ha pasado eso. Lo sé todo; que pasará y cuándo pasará. Pero aún estoy a tiempo. Haga el favor de cruzar la calle y avisarles de que es su nieta quien les llama. Si la puerta está cerrada pruebe a entrar por el callejón de los frailes; suelen dejarlo abierto aun de noche. Lo siento, señora, lo que usted sabía que pasaría ya ha pasado.

Me he despertado. Tengo miedo. ¿A qué tienes miedo? No lo sé. A ver hacia atrás y hacia delante. Ningún miedo; levántate conmigo a echar un cigarrillo. Su rara habilidad para leer en mí.