domingo, 11 de noviembre de 2012

El fracaso y el pintor

 
Nieva en la ciudad que sueña el sur al que algún viejo agravio le condenó. Caen escombros del deshielo de las nubes y la ciudad se guarece bajo los pórticos. Y aunque siempre estuvo allí pintando, en el parto de la luz de un sol anémico que se eleva, en la ruina de la luz de un sol de hierro que se funde, hoy es la primera vez que miran cómo tiembla la fiebre en sus ojos, el pincel sobre el muro, mientras hace nacer a un niño tan real, y entre sus dedos el verde de un racimo tan ambarino, que una bandada de voraces grajos se abalanza a picotear sus uvas. Hace nacer el  prodigio a un tiempo voces de admiración y lágrimas en sus ojos. Maestro, ¿por qué llora? Si lo fuese, el niño habría espantado a los pájaros.