domingo, 7 de octubre de 2012

Barrio (1)



Suelo encerrarme en la calle a partir de las ocho de la tarde. ¿Por qué? Porque en nada encuentro más placer que en observar a la gente. Podría pasar horas y horas en una terraza atento al tumulto humano, tratando de imaginar vidas ajenas a partir de gestos, acentos, indumentaria, marca de cigarrillos y conversaciones fragmentarias. Hasta este jodido pueblo produce una galería de homínidos que merecen ser llevados al papel.

Hace casi cinco años comencé a tomar notas nacidas de este vicio antropológico. Desde entonces, han muerto algunos de los ejemplares observados y han llegado otros nuevos dignos de consideración y estudio.

 
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Medina el facha. Este curioso ejemplar de español cuarentón inicia siempre sus conversaciones advirtiendo de que acaba de renovar su permiso de armas. Por si las moscas, aclara. Las moscas, se entiende, son esas hordas rojas que visitan sus pesadillas igual que a los pocos legionarios romanos supervivientes del desastre de Teutoburgo se les aparecían los queruscos encabezados por Arminio. Medina y yo hemos sido grandes enemigos silenciosos. Nos mirábamos torvos, girábamos la cabeza hacia otro lado para evitar el saludo. Pero el Atleti  apaciguó a los irreconciliables. A pesar de que su permanente ebriedad hace difícil sostener con él no ya una conversación incoherente, sino un mero intercambio de cortesías, cuando bajo a reponer tabaco suelo cruzar algunos sonidos con él. 
 
Se tambalea junto a un barril que hace las veces de mesa, las mejillas encendidas, la nariz una ciruela pruna, la lengua reacia a obedecer a su cerebro (o tal vez lo contrario). Voy a donar todos mis órganos cuando la palme, me dice hoy.
 
- Pero qué dices, Medina, si tu cuerpo es un puro desperdicio.
- Mi cuerpo no: en todo caso mis ojos. Pero ¿qué me dices de cómo me aguanta este hígado?
 
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Como dice Hernán Casciari, los españoles nunca nos preguntamos por el por qué de las cosas, sino por el qué, el quién y, todo lo más, por el dónde y el cómo. He aquí un ejemplo palmario de nuestra particular disposición mental. 
 
Tito, el encargado del restaurán gallego, se ha corrido la voz, ha adquirido una parcela en la luna. Brasileños, argentinos y chilenos son los principales compradores de los terrenos que ha puesto a la venta Dennis Hope. Pero es que Tito, gallego como su negocio, vivió diez años en Buenos Aires y lleva algún virus patagónico en la sangre. Acudo raudo al restaurante, me siento en un taburete alto detrás de la barra y espero un descuido para asaltarle con la pregunta que me obsesiona: por qué. Pregunta a la que responde con qués, cuántos, cómos:
 
- Como no me fiaba del Hope ése, me enteré de que existía una empresa de toda confianza: Moonestates.
- ¿Pero por qué se te ocurrió la idea?
- Se me ocurrió y dudé mucho si comprar media hectárea o cinco hectáreas. Al final decidí que media, porque no lo veía claro. Compras el solar pero no puedes elegirlo, te lo asignan. A mí me tocó uno en el Monte Moro. Resulta que es una zona que está muy bien, al lado de un mar y tal, pero ¿yo que sabía que me iban a dar ésa?
- ¿Por qué dices que el Monte Moro es una buena zona? ¿En qué sentido?
- En el sentido de que no llegó a veinte euros, con certificado y todo; título de propiedad formal, vaya. A ver qué suelo compras por ese precio en España. Ni en el Congo, para el caso. Y encima allí andan todo el día a machetazos y en la Luna no hay ni Dios.
 
Como si tuviera intención de trasladarse con la familia allí en un futuro muy próximo y la ausencia de inseguridad ciudadana fuera un argumento de peso.
 
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Luz, la astróloga autodidacta, tiene toda la dentadura llena de oscuras ausencias. Fruto, según ella, de una paliza que le dió "el difunto" (que en realidad sigue vivito y coleando en Salvador de Bahía). Pero Luz, me he dado cuenta, posee una imaginación portentosa, y una tendencia a fabular su vida y las ajenas, por lo que he de dejar esta hipótesis en suspenso. Por lo demás, tiene los ojos más negros que he visto nunca y un moño alto que le hace guardar cierto parecido con Marge Simpson, si no fuera porque también es de ese improbable color azabache y lo sujeta con un lápiz. Así como Medina anuncia siempre a modo de primer contacto el calibre de su arma, Luz informa puntualmente a principios de cada mes a sus interlocutores sobre los principales tránsitos planetarios.
 
Este mes Venus pasa por tu quinta casa. Sonríe como si me hubiera tocado un buen pellizco. Como eres Aries, ascendente Aries, eso significa que este mes puedes encontrar al gran amor de tu vida. O follar mucho. Pero mucho y bien, no en plan chungo. Y también que vas a jugar con niños, que los niños van a ser una presencia muy importante en tu vida todo el mes.
 
Me pregunto cómo voy a tener tiempo para lo primero si ando tan liado como prevén los astros con mis obligaciones paternales.