lunes, 17 de septiembre de 2012

Old friends

 
Foto: Bill Brandt


Le veo degenerar día a día, sus defectos cada vez más pronunciados, sus virtudes cada vez más débiles, difuminándose. Empecinado en una versión irreal de su pasado, de sus relaciones. Cada vez más solo y tratando de aplacar inconscientemente su miedo, un miedo que por carecer de un rostro concreto es aún más terrorífico, en una rutina estricta, como hacen con frecuencia los ancianos. Su mirada sobre el mundo, que un día me pareció tener un brillo especial, cada vez más apagada y vulgar. ¿O tal vez yo no vi sino lo que quise ver? Los puentes han volado y no puedo averiguarlo, ni advertirle de lo que percibo con tanta claridad. 
 
Cena con H. y B., dos bereberes. Se lamentan de la deriva de la "primavera árabe". En realidad, lamentan la invasión árabe de sus tierras. Su cultura, muy liberal en lo religioso e igualitaria respecto de las mujeres, choca frontalmente con la mayoritaria en su país. Hablamos de X., también bereber, que cometió la imprudencia de cruzar en 1995 la frontera para visitar por última vez a su madre enferma. La policía marroquí le identificó y le mantuvo incomunicado por completo en una cárcel al sur del país doce años. Ninguna de las gestiones que hicimos logró sacarle de allí. Cuando recobró la libertad, no quiso saber nada de sus relaciones pasadas.  
 
Se han cumplido ya dos años de la muerte de A. en un absurdo accidente de tráfico. Un choque contra una vaca en una carretera comarcal. Le recuerdo risueño, alimentándose de bocadillos de atún y zumos de tomate en una buhardilla cochambrosa de la calle del Salitre, dibujando sin ganas para una empresa publicitaria que le pagaba malamente. Era capaz de vivir con tres euros al día. Su vida era sencilla como la de un monje: desayunar, leer la prensa en una biblioteca pública, dibujar, pasear largamente por las tardes, acostarse no después de las nueve para no hacer gasto en cenar.
 
Tengo fechado este escrito sobre él en abril de 2010:
 
"Por un momento desvié la vista. En ese mismo instante perdió el animal perdido la vista de la carretera. Cuatro ojos se atisbaron sin tiempo de reconocerse.
 
En qué extraña postura está mi cuerpo quebrado. Puedo oler la yerba pero no veo nada. Tengo los ojos y la boca llenos de tierra. ¿Son mías esta cara y estas piernas frías? ¿Soy yo quien oye el río y un vórtice de hojas donde gime el viento? No puedo pronunciar mi nombre. No recuerdo dónde vivo ni quiénes son los míos.
 
Alguien viene hacia aquí con paso decidido. Como si yo fuera una cruz señalada en rojo en un mapa preciso. Se acerca y entonces le conozco. Soy yo. Camino hacia mí mismo y detrás de mí camina el tiempo". 
 
Amigos perdidos por una razón u otra para siempre.