miércoles, 19 de septiembre de 2012

Datofobia

 
Es curioso que para justificar las recetas que se van a aplicar a España, la CDU alemana utilice los mismos argumentos que la derecha y la patronal españolas: la productividad laboral es baja, los salarios no reflejan la productividad (es decir, son relativamente elevados), el sistema de protección de los trabajadores empleados (fundamentalmente, a través de la regulación del despido y el salario mínimo) y en paro (las prestaciones por desempleo) impide que exista un mercado de trabajo dinámico y genera desincentivos al trabajo, y las pensiones son demasiado altas. Son viejos argumentos que llevan manejando el FMI y la OCDE desde hace años (aunque no la OIT). Y son, sencillamente, falsos de toda falsedad.
 
Y llamativo que los periodistas económicos se limiten a transcribir las notas que toman en las ruedas de prensa de políticos, banqueros y representantes de los empresarios sin jamás acudir a las muy detalladas bases de datos que existen para contrastar si la situación de los trabajadores en España es tan idílica como la pintan y causante, en último extremo, de una tasa de desempleo estratosférica, del elevado gasto social y de la insostenibilidad del sistema de pensiones.
 
Pero los españoles somos datofóbicos: tenemos pavor a que en alguna parte, de alguna forma, un dato nos pueda desvelar alguna información útil. Y, sin embargo, los datos son contundentes:
 
La productividad laboral en 2011 fue en España del 1,7 por ciento; baja, sí, pero en todo caso superior a la media de la zona Euro (1,3) y a la correspondiente a los países del G7 (0,6) y al conjunto de los países de la OCDE (0,7) ese mismo año. Si tomáramos medias de los últimos 5 años o de la última década, tampoco saldríamos mal parados. Quien quiera, puede hacerlo con los datos en línea de la OCDE.
 
Los salarios reales son tercermundistas: según la última EPA del INE, más de un 60 por ciento de los trabajadores cobra menos de 1.000 euros al mes. El salario mínimo español es un tercio del francés, menos de la mitad del belga, la mitad del británico, también según las bases de datos armonizados de la OCDE.
 
El índice de "protección laboral" (lo que la OCDE llama, "strictness of employer protection"), supuestamente un indicador de la "flexibilidad del mercado de trabajo" (ojo con el mensaje subliminal: rigidez versus flexibilidad; las palabras nunca son inocentes), que incluye conceptos tales como los costes de despido y la facilidad de contratación de trabajadores temporales, no es superior al de otros países de la UE.
 
De hecho, según el último índice estimado disponible (2008), la protección de los trabajadores con contratos indefinidos (si es que el adjetivo sigue conservando algún sentido a estas alturas) en España (2,4) es similar a la de Francia (2,3) o Austria (2,4), pero bastante inferior a la de Portugal (3,6), Alemania (3,0) o Suecia (2,9).
 
Ni las prestaciones por desempleo son más generosas que en los países de la zona euro ni las pensiones de los trabajadores españoles son más elevadas. Esta vez los últimos datos de Eurostat: ni en términos absolutos (la pensión media es de algo menos de 800 euros en España, un 63 por ciento de la media EU-15) ni en términos de porcentaje respecto al PIB, puede decirse que España gaste en pensiones más que los demás países de su entorno.
 
Allora? Pues dos conclusiones sencillas: que no debemos aceptar las teorías que nos venden sobre las causas de la crisis (y las correspondientes recetas) sin comprobar si cuadran o no con la información de que disponemos, y que los culpables de donde nos encontramos habrá que ir a buscarlos en otro lado: una organización del Estado ineficiente, un sistema bancario que ha hecho de su capa un sayo y una clase política que ha consentido ambas cosas.
 
Hace unas décadas, el resumen hubiera guardado menos las formas: una oligarquía financiera aliada con una oligarquía política en beneficio de las dos partes y en perjuicio de la clase (media y baja) trabajadora. Pero suelta hoy esto y te ahorcan por trasnochado. Eppur...