domingo, 26 de agosto de 2012

Todo despegue es opcional

 
 
Recreación del avión de Mermoz atravesando los Andes (ilustración de Walter Plitt Quintin)


Una de las cosas que no querría dejar de hacer es volar una avioneta. No querría, pero lo haré. Porque uno es consciente de sus limitaciones y la desorientación espacial congénita e irreversible figura en el podio de las mías, medalla de oro. Una Cessna volando de noche panza arriba; sí, me podría pasar a mí e ir tan tranquilo, convencido de que el cielo es el ancho mar y el mar el firmamento. 
 
Para mitigar la frustración, cada tanto buceo en la red en busca de noticias pasadas o presentes sobre aviación. Todo suele empezar con los vuelos históricos de Jean Mermoz o de Henri Guillaumet sobre los Andes o el Atlántico, cuyas imaginativas maniobras al avión para escapar de la muerte nunca me cansaré de leer,  y acabar diez ventanas después en las páginas de Escuadrón 69 o en el foro de Extracrew.
 
Probablemente de ellos extraje algún día las reglas que conservo en el ordenador. Cuando el demonio me susurra al oído las releo y desisto así de intentar siquiera la proeza de un vuelo Cuatro Vientos-Badajoz, aferrándome como a un clavo ardiendo a la posibilidad que me brinda la primera de ellas:
 
1. Todo despegue es opcional. Todo aterrizaje es obligatorio.
 
2. Si empujas la palanca hacia adelante, las casas se hacen más grandes. Si tiras de la palanca hacia atrás, se hacen más pequeñas. Es decir, salvo que sigas tirando de ella hacia atrás a fondo, en cuyo caso las casas vuelven a hacerse grandes.
 
3. Volar no es peligroso. Lo peligroso es estrellarse.
 
4. Siempre es mejor estar aquí abajo deseando estar allí arriba que estar allí arriba deseando estar aquí abajo.
 
5. La única vez que llevas demasiado combustible es en caso de incendio.
 
6. La hélice sólo es un gran ventilador en el morro del avión que sirve para mantener al piloto fresco. Cuando se detiene, se puede comprobar que el piloto empieza a sudar.
 
7. En caso de duda, mantenga la altura. Nadie ha chocado nunca contra el cielo.
 
8. Un aterrizaje es “bueno” cuando es posible abandonar el avión andando. Uno “magnífico” es aquel en que puede volver a utilizarse el avión.
 
9. Aprende de los errores de los demás. No vivirás lo suficiente para cometerlos todos tú.
 
10. Conviene mantenerse alejado de las nubes. Fuentes fidedignas informan de que las montañas han aprendido a ocultarse en ellas.
 
11. Procura siempre que el número de aterrizajes que hagas sea igual al número de despegues que hayas hecho.
 
12. Hay tres reglas simples para hacer un aterrizaje suave. Lamentablemente, nadie las conoce.
 
13. Se comienza con una bolsa llena de suerte y una bolsa vacía de experiencia. El truco consiste en llenar la bolsa de la experiencia antes de vaciar la bolsa de la suerte.
 
14. Los helicópteros no pueden volar, lo que pasa es que son tan feos que la tierra los repele.
 
15. Si todo lo que ve por la ventanilla es la tierra dando vueltas y todo lo que oye es conmoción en la cabina de pasajeros, las cosas no van exactamente como debieran.
 
16. En la batalla entre objetos de aluminio a cientos de kilómetros por hora y el terreno a cero kilómetros por hora, la tierra no ha perdido nunca.
 
17. El buen juicio viene de la experiencia. Por desgracia, la experiencia generalmente viene del mal juicio.
 
18. Es una buena idea mantener el extremo puntiagudo hacia adelante, tanto tiempo como sea posible.
 
19. Mira continuamente a tu alrededor. Siempre te has perdido algo.
 
20. Recuerde: la gravedad no es sólo una buena idea. Es La Ley. Y una Ley inderogable.
 
21. Las tres cosas más inútiles para un piloto son la altura por encima, una pista por detrás y una décima de segundo tarde.
 
 
El Potez 25 de Henri Guillaumet, estrellado en los Andes. De ésta salió vivo.


viernes, 24 de agosto de 2012

Brigadistas

Milton M. Cohen (1915-1994)
 
 
“No sólo eran comunistas, también antisionistas, por eso su memoria se ha borrado de los libros de historia de Israel”, dice Eran Torbiner, el director de un documental sobre los brigadistas palestinos (judíos) que lucharon en la Guerra Civil del lado de la República. Y a continuación se autodefine como "socialista, de izquierdas y antisionista como ellos", como si de algún modo los tres adjetivos fueran indisociables y caracterizaran a todos los brigadistas judíos que combatieron en España. Ni la primera afirmación ni la última insinuación son ciertas, y como comparto no pocos rasgos e ideas con Torbiner (con la muy notable excepción de su antisionismo) y dediqué en tiempos muchas horas de trabajo a estudiar el tema de marras, unas notas al respecto.
 
***
 
 
Fue Curtis Black, estudiante de periodismo, trompetista de jazz y activista en el mismo grupo al que yo pertenecía en la Universidad de Chicago, quien me preguntó un día si estaba interesado en conocer a Milton Cohen, que vivía a pocas manzanas del campus, en Kenwood St. Por supuesto que quería conocerle. Fuimos una tarde de invierno de 1990. Regresé seis meses después, esta vez acompañado de una pequeña grabadora, y le hice repetir y abundar en todo lo que me había contado la vez anterior.

Milton había nacido en Chicago y se había criado en un orfanato de la comunidad. Estudió con becas, primero en el Roosevelt College, una institución de conocida tradición progresista que aún conserva su sede en pleno corazón de la ciudad, y luego en la Universidad de Illinois en Urbana. La Brigada Abraham Lincoln no empezó a reclutar voluntarios hasta 1937, así que Milton se alistó en noviembre de 1936 a los  MacPaps, como se conocía coloquialmente al batallón canadiense Mackenzie-Papineau. Con ellos llegó a España en el Britannic y con ellos combatió con rango de sargento en el frente de Teruel. En 1938 fue herido en la batalla del Ebro y regresó a los Estados Unidos. Se quiso alistar voluntario para luchar contra los alemanes, pero su salud desde que regresara herido de España seguía siendo muy precaria y no le admitieron.

Pasados los años de Roosevelt y del segundo mandato de Truman, su condición de comunista y judío no le facilitó la vida.  La casa en que vivía en Kenwood con su segunda esposa era digna, pero humilde. Milton, a pesar de su secularismo y sus convicciones políticas, era un judío orgulloso, y varias veces a lo largo de la entrevista destacó la importancia que había tenido su bagaje cultural, su identidad judía, en algunas de las decisiones más importantes que había adoptado en su vida. Incluida, claro está, la de embarcarse con veintiún años en un viaje transoceánico para luchar en un país al que nada le unía.

Milton Cohen (España, 1937)


 
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Alrededor del 5% de los 1.500 MacPaps eran judíos. Entre ellos estaba Samuel Harry Abramson, un sionista muy activo en los círculos locales que se incorporó al batallón en junio de 1937 como conductor de ambulancia. Es una cifra llamativa si se tiene en cuenta la población judía canadiense (alrededor del 2% en los años 30), pero muy pequeña si se compara con el porcentaje que los judíos procedentes de Polonia, Francia, Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y Palestina representaron en las Brigadas Internacionales:

De los aproximadamente 3.000 voluntarios estadounidenses de la Lincoln, el 48% eran judíos (sólo el 4% de la población estadounidense era judía en 1937). De los voluntarios polacos, los judíos representaban el 45% (15% de la población). De los franceses, el 15% (0,5% de la población). De todo el personal médico extranjero que acudió a España, se calcula que el 70% era judío. En las intervenciones quirúrgicas se hablaba la lingua franca que la mayoría de ellos tenían en común, el yídish.

De hecho, la elevada proporción de judíos entre los brigadistas impulsó a los dirigentes de las Brigadas Internacionales a crear una compañía exclusivamente judía, la Naftali Botwin, cuya bandera llevaba por lema, escrito en español, polaco, hebreo y yídish: "Por vuestra libertad y la nuestra".

 

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¿Por qué? Muchas de las cartas, memorias, transcripciones de entrevistas y biografías que he leído apuntan en la misma dirección, que puede resumirse en este extracto de la carta que Chaim Katz escribió a su madre desde España, el 25 de noviembre de 1937:

"Sí, madre, éste es uno de esos casos en que los hijos deben oponerse al deseo de sus madres por el bien de sus propias madres. Así fue que me alcé en armas contra quienes persiguen a mi pueblo (los judíos) y a mi clase (los oprimidos). (...) ¿Acaso estos rasgos que tanto admiras en el profeta Jeremías o en Judas Macabeo son malos cuando los exhibe tu hijo? Por supuesto, yo noy un Jeremías ni un Judas; pero intento en la medida de mi propia, escasa capacidad, hacer lo que ellos hicieron con la suya que era grande en la lucha por la libertad, la felicidad y la paz.
Con amor,

Chaim".

La materia prima de referencia (las reivindicaciones sociales de los profetas, la lucha de los macabeos por la tierra, el mesianismo como utopía de liberación) era compartida por socialistas y sionistas. No es extraño que ambas cualidades coincidieran.

  
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Todos los voluntarios judíos que vinieron a España eran, obvio es decirlo, socialistas o comunistas. Y muchos eran también sionistas. Desde luego, existía un sionismo de derechas (el liderado intelectualmente por Jabotinsky), una izquierda antisionista (todo el bundismo polaco), un antisionismo religioso (Chaim Elazar Spira) y una zona tibia (Simon Dubnow, Hillel Zeitlin). De lo que no cabe duda es de que buena parte de los socialistas judíos eran sionistas ya entonces, y lo serían en mucho mayor proporción seis años más tarde y en el curso de al menos las dos décadas que siguieron al Holocausto.

Entiendo la postura de Torbiner. Está influida, por un lado, por el punto de inflexión que representó el apoyo de Stalin a los países árabes y la propaganda (y represión) antisemita que lo acompañó, que tanto peso posterior inconsciente ha tenido en ese "antisemitismo de izquierdas" contemporáneo. Y, por otro, por el giro militarista y derechista de sucesivos gobiernos israelíes, que ha distanciado a parte de la izquierda de la vieja fe en el proyecto sionista. Pero la ecuación izquierda-antisionismo aplicada a los brigadistas judíos, mi querido Eran, no se sostiene.  

martes, 21 de agosto de 2012

Sin papeles





La noticia de que los sin papeles no podrán recibir asistencia sanitaria me tiene sublevado y me ha embarcado en discusiones acaloradas este verano. Las más, curiosamente, con españoles que votaron al PP en las últimas elecciones y se declaran en su mayor parte cristianos.

La medida, para empezar, descansa en un argumento falaz: el grifo de la sanidad pública no lo abren los jubilados españoles propensos a sobremedicarse ni la en términos generales joven y sana población de los sin papeles (que, por otro lado, según las estimaciones más infladas, no sobrepasa las 600.000 personas). El despilfarro de los hospitales privados con los que la Sanidad pública tiene concertadas ciertas pruebas e intervenciones (la artera política de Aguirre en Madrid) y el gasto de los turistas europeos en la costa levantina son factores de mucho mayor peso.

El perfil del turista sanitario no es el senegalés de veinticinco años que trabaja en la campaña de la fresa en Huelva, sino el del jubileta británico, alemán o belga que se presenta de urgencias o se empadrona para poder recibir asistencia en un hospital costero. Estas artimañas le permiten eludir dos de las condiciones necesarias para que España pueda cobrar la factura al país de origen: que la enfermedad haya sido previamente diagnosticada y que cuente con el visto bueno de las autoridades sanitarias del lugar de procedencia.

Como es sabido, sin embargo, en este país los argumentos no sirven para cambiar o al menos matizar la opinión de quien la tiene fundada en juicios de naturaleza irracional. Mi último interlocutor "veía" claramente una situación fruto de una imaginación calenturienta y en estado de pánico en que una numerosa y crónicamente enferma gens de nigerianos iba resolviendo sus innumerables problemas de salud al amparo de la reagrupación familiar. Inútil citarle cifras del INE, los estudios del Ministerio de Sanidad al respecto, los datos del Colegio de Médicos o del Consejo General de Colegios de Enfermería, las decenas de investigaciones académicas o las muchas quejas planteadas por el Sindicato Médico del Hospital Costa del Sol denunciando el gasto jamás repercutido de los turistas europeos. La gens de negros enfermos ocupaba los primeros puestos de la larga lista de espera en que su madre (quien, dicho sea de paso, jamás había cotizado una sola peseta a la Seguridad Social) esperaba para ser operada de cataratas.

Con perfecta hipocresía, por otra parte, este interlocutor acepta la existencia de dos varas de medir en lo que a los papeles se refiere. Pues que la noticia convive estos días con la muerte de Samia Omar en una patera en la que intentaba llegar a Italia y con la milagrosa "legalización" del joven Fabrice para que pudiera debutar en el campeonato de liga con el Málaga el pasado sábado, le inquiero sobre ello. Se encoge de hombros: ya sabemos que estas cosas pasan.

Cifras y argumentos aparte, quienes creemos en la existencia de leyes de jerarquía superior a las humanas no podemos aceptar que una persona enferma no reciba la atención que necesita y podemos prestarle. Rásquense el bolsillo, pero no éste. Sigan los consejos que Esculapio dio a su hijo. Relean el juramento que hicieron al finalizar sus estudios. Y, si se encuentran ante la disyuntiva de sanar a un enfermo o ser objeto de un expediente administrativo, escojan sin dudar.


domingo, 19 de agosto de 2012

Paseos romanos (2) Nemi






Cuatro días de paso en Roma no dan ni para hacerse una idea elemental de la evolución de una sola de las colinas desde, pongamos, el final de las guerras latinas hasta los Flavios. De modo que aparco de momento el proyecto que me traigo entre manos (suponiendo que la Ciudad los admita todavía),  y propongo a mi acompañante un plan menos ambicioso: pasear sin rumbo, frecuentando los barrios menos atractivos para los turistas, y hacer una excursión pendiente desde que leí el libro de Frazen: Nemi, en las colinas albanas.

Allí estaba el santuario de Diana, cuyo sacerdote debía ser un esclavo fugitivo. Al rex nemorensis únicamente podía destronarlo un nuevo esclavo prófugo que arrancara una rama del árbol que crecía en el recinto del templo, lo que le daba derecho a batirse a vida o muerte con el flamen. En caso de vencerle, se proclamaba nuevo rey:


Those trees in whose dim shadow
The ghastly priest doth reign
The priest who slew the slayer,
And shall himself be slain


dice el cuarteto de Thomas Macaulay.

Hace muchos años escribí un cuento un tanto asfixiante. El tema central era la huida de un esclavo a través de los bosques albanos. Desorientado en ellos, se internaba en Nemi para ocultarse de sus perseguidores, sin saber nada del rito que regía la sucesión en el sacerdocio de la diosa ni, para el caso, sobre la existencia del templo. El enfrentamiento era un malentendido de principio a fin: el joven evadido entraba en el santuario al borde de la extenuación, pero el viejo rex le tenía nada más verle por un rival enajenado por la sed de poder. El relato no revelaba el resultado de la lucha. Se suponía que trataba del absurdo (de la violencia) y la incomprensión (entre los hombres). No hay mal que por bien no venga, y éste y muchos otros cuentos desaparecieron en el aquelarre que siguió a la venta de la casa familiar.

En todo caso, la leyenda del bosque de Nemi, como parábola del alto designio que puede aguardar a quienes luchan por su libertad, siguió alimentando muchos años mi fantasía. Veía al esclavo en la escena final de Los cuatrocientos golpes, en el primer ascenso a la montaña de Jeremiah Johnson, en Holden Caulfield o en Amory Blaine, en algunos (pocos) ejemplos vivos y, claro, en el modo en que yo mismo iba cincelando trabajosamente mi poco ortodoxa forma de vida.

Leyendo gracias al inclasificable Menocchio al inclasificable Dagerman, me pregunto: ¿dónde se encuentra ahora Nemi, adónde llegaría ahora Antoine Doinel por mucho que corriese?
"Para mí, un tipo de libertad se ha perdido para siempre o por un largo tiempo: la libertad que procede de la capacidad de dominar su propio elemento. El pez domina el suyo, el pájaro el suyo, el animal terrestre el suyo. Thoreau dominaba todavía el bosque de Walden. ¿Dónde se encuentra ahora el bosque en el que el ser humano pueda probar que es posible vivir en libertad fuera de las formas congeladas de la sociedad?"
Stig Dagerman, Nuestra necesidad de consuelo es insaciable.


domingo, 12 de agosto de 2012

Derrota

Nuestro poderoso ejército proclama su total derrota. Toda nuestra flota se dirige a estrellarse contra ese acantilado que llamamos Edén. Y no hay ni dioses ni vates implicados en esta rendición tan poco heroica. La batalla no se libra, se pierde en una clínica de extrarradio donde la naturaleza desploma piedra a piedra tu cuerpo sobre las sábanas, asedia el venerado templo del alma. Malas hierbas ramonean sus columnas. Hormigas rojas coronan su altar con escaleras.  Sabes que el horizonte se cierra en tu garganta, que bucea hacia ti a través de taciturnas aguas subterráneas, que dentro de poco comenzará el engorroso proceso de repatriación.  Arría ya la bandera blanca. Aféitate la sonrisa. Ordena al can de tres cabezas que se prepare a cruzarte cuando escuche tu silbido. Perfúmate la voz con las últimas palabras.


video

sábado, 11 de agosto de 2012

Varia





El cabo Palinuro, Cumas, Miseno, Siracusa, destino Selinunte. De noche se me aparecen personajes de la Eneida o escenas de las guerras civiles. En uno de los sueños hay barcos piratas a la deriva como algas flotantes en la bahía de Nápoles; me parece distinguir a lo lejos a Sexto Pompeyo. En otro, me quedo atascado en una pregunta: ¿con qué se "colocaba" la sibila cumana?

Estas excursiones oníricas tan divertidas alternan con otras que no lo son tanto. Un sueño donde se mezclan el horror y el absurdo. No hay nadie que pueda hacerlo por ella. El cementerio está vacío. No sabe dónde se ha metido la familia. Con sus propias manos entierra a M., lo más superficialmente que puede, porque tiene miedo de la falsa muerte. Echa sobre su cadáver piedras y más piedras hasta formar un túmulo parecido a los que construían los etruscos. Pero son cantos pulidos, de colores vivos, y el efecto final es entre luctuoso y risible. Parece una tumba de Walt Disney. 


***

No cambiamos desde que cumplimos los ocho años. Estoy sujeto al pasado por tres anclas que fijan mi posición en tierra por violentas que sean las mareas: los continuos cambios de residencia de mis progenitores, dentro y fuera del país, la reverencia por el campo y los animales de mis mayores y la actividad política de mi padre, clandestina durante la mayor parte de mi infancia. Las mudanzas me han convertido en un culo de mal asiento que soporta mal la idea de un arraigo indefinido. He administrado la querencia por la naturaleza como he podido, criando pájaros en los balcones de Madrid o durmiendo al sereno en camas improvisadas en encinas. De lo tercero conservo la pasión por las batallas perdidas y sus soldados, y la inmunidad ante las tentaciones del dinero, la fama, la belleza externa o el poder. Dame un exiliado cojo y pobre como una rata que hable con su perro y esté peleado con el mundo y me rendiré a sus pies. Mala cosa, diría el del séptimo.

***

Las lecturas de estos días, Malraux y Auden.

Psichology of Art:

"An old story goes that Cimabue was struck with admiration when he saw the shepherd boy, Giotto, sketching sheep. But, according to the true biographies, it is never the sheep that inspire a Giotto with the love of painting: but, rather, his first sight of the paintings of such a man as Cimabue. What makes the artist is the circumstance that in his youth he was more deeply moved by the sight of works of art than by that of the things which they portray".

No es todo, pero hay una parte de verdad en ello. Recuerdo bien la mirada nueva sobre un gallo, un animal presente en el corral de todas las casas de mis tíos en Extremadura, después de leer uno de los relatos cosacos de Babel. Ya no veía el mismo gallo, ni en adelante podría volver a describirlo igual.

Christmas Oratorio. Para un judío, carece de sentido esta presencia permanente de la duda intelectual, la invocación constante de la divinidad, la imploración de un indicio que permita sostener la fe.


"How could the Eternal do a temporal act,
The Infinite become a finite fact?
Nothing can save us that is possible:
We who must die demand a miracle".


Al margen de distancias intelectuales, es un gran poema de amor.


***

Sigo de lejos las noticias de la crisis en España. El de Marinaleda ha logrado lo que pretendía; es mucho más listo que ellos. Me causa risa que se lleven las manos a la cabeza y pidan la aplicación estricta de la ley quienes han vivido perfectamente a sus anchas en sus márgenes (o unos metros más allá) todos estos años. Dura lex, sed lex, sí, pero cuando y donde a ellos les conviene. Morales provisionales. De fondo, el miedo atávico del pequeño propietario al caos social, a la violencia descontrolada.

Estamos viendo ahora a todos los patéticos personajes tan bien retratados por el enigmático ir- reaccionar con la histeria propia de quienes saben que se les acabaron los años de jarana. Me divierte sobre todo ver a antiguos chinos, ácratas, trotskos y demás ralea escandalizados como si de la toma de la Bastilla se tratase por el simple asalto de unos illuminati a un supermercado. Qué reacción tan distinta a la que provocaron en Francia los situacionistas liderados por José Bové.

domingo, 5 de agosto de 2012

Que me detenga aquí



Un pesquero les esperaba. Nada de aventuras arriesgadas, un poco de cabotaje sin perder la línea de la costa. Pero su madre tenía miedo a los barcos, miedo al agua (apenas sabía nadar). Echó a correr despavorida con ella de la mano. Aprovechando un descuido de la madre, la niña se deshizo de su tutela y corrió con todas sus fuerzas, a tiempo para embarcar con él.

Me ha pedido que le leyera algunas cosas. No nos hemos dado cuenta de cómo la habitación iba quedando a oscuras. Se ha quedado callado tanto tiempo que he pensado que podía haberse dormido. Pero no. "PJ, vuelve a leerme la del parque, la que empieza con el mismo verso que Kavafis". He encendido las luces y he leído:


Que me detenga aquí. Que también yo contemple por un
                                               momento la naturaleza.
                                               
(Konstantin Kavafis)

Que me detenga aquí
un paso fuera del hangar
en que se oxidan
las piezas de mi cerebro
que me ponga a salvo
del flujo y reflujo
de mis silencios
que el monstruo
por una noche duerma
él solo en nuestra jaula

que también yo contemple
por un momento el instante
en que el niño
tensa su arco de plástico
el pájaro fija su ojo de perfil
en la flecha de tres francos
el aire entrecorta su aliento
las hojas se crispan
aguardando
la revelación de la muerte

que todas las imágenes
se disequen en mi memoria
que no tenga memoria
que el monstruo ladre
y no le oiga
que la flecha se desmaye
impotente a los pies del niño
el pájaro remonte vuelo
el aire espire su alivio en este plátano
la vida pasee su triunfo por este parque.



miércoles, 1 de agosto de 2012

La necesidad de precisión


Para Gabriel "Menocchio" C., que sabrá entender.



Fragmento del poema de Zbigniew Herbert "Mr Cogito on the Need for Precision":


now Mr Cogito
reaches
the highest swaying
rung of indeterminacy
how hard to establish the names
of all those who were lost
battling against inhuman power
the official data
diminish their number
once again mercilessly
decimating the fallen
and their bodies vanish
in abysslike basements
great police compounds
eyewitnesses
blinded by gas
deafened by gun salvos
by fear and despair
are inclined to exaggerate
observers from the sidelines
give dubious figures
equipped with the disgraceful
little word - "approximately"
but in these matters
accuracy is necessary
one can't get it wrong
even in a single case
in spite of everything
we are our brothers' keepers
ignorance about those who are lost
undermines the reality of the world
casts us in the hell of appearance
the diabolical net of the dialectic
which says there is no difference
between substance and a specter
we must therefore know
draw up exact accounts
summon them by name
ready them for the road
in a clay bowl
millet poppyseed
an ivory comb
arrowheads
a ring of fidelity
amulets