miércoles, 11 de julio de 2012

Fotográfica



Me ha llamado poderosamente la atención la fotográfica de Susan Sontag por lo que insiste en algo sobre lo que he pensado muchas veces: la visión fragmentaria de la realidad, que está relacionada con la colocación del sujeto en el centro del estrado y la pérdida de lo Absoluto, y que explica en parte el éxito de la fotografía y de las formas minúsculas en lo escrito y lo audiovisual. De los catorce puntos de esta fotográfica, me interesan los que guardan relación con esta deriva:

 4. La manera de mirar moderna es ver fragmentos. Se tiene la impresión de que la realidad es en esencia ilimitada y el conocimiento no tiene fin. De ello se sigue que todos los límites, todas las ideas unificadoras han de ser engañosas, demagógicas; en el mejor de los casos, provisionales; casi siempre, y a la larga, falsas. Mirar la realidad a la luz de determinadas ideas unificadoras tiene la ventaja innegable de dar contorno y forma a nuestras vivencias. Pero también -así nos instruye la manera de mirar moderna- niega la diversidad y la complejidad infinitas de lo real. Por lo tanto reprime nuestra energía, nuestro derecho, en efecto, a refundar lo que deseamos refundar: nuestra sociedad o nosotros mismos. Lo que libera, se nos dice, es notar cada vez más cosas.

7. En la manera de mirar moderna, la realidad es sobre todo apariencia, la cual resulta siempre cambiante. Una fotografía registra lo aparente. El registro de la fotografía es el registro del cambio, de la destrucción del pasado. Puesto que somos modernos (y si tenemos la costumbre de ver fotografías somos, por definición, modernos), sabemos que las identidades son construcciones. La única realidad irrefutable -y nuestro mejor indicio de identidad- es cómo aparece la gente.

8. Una fotografía es un fragmento: un vislumbre. Acopiamos vislumbres, fragmentos. Todos almacenamos mentalmente cientos de imágenes fotográficas, dispuestas para la recuperación instantánea. Todas las fotografías aspiran a la condición de ser memorables; es decir, inolvidables.

9. Según la perspectiva que nos define como modernos, hay un número infinito de detalles. Las fotografías son detalles. Por lo tanto, las fotografías se parecen a la vida. Ser moderno es vivir hechizado por la salvaje autonomía del detalle.

13. Llámese conocimiento, llámese reconocimiento; de algo podemos estar seguros acerca de esta modalidad, singularmente moderna, de toda vivencia: la mirada, y el acopio de los fragmentos de la mirada, nunca pueden completarse.

14. No hay fotografía definitiva.


Nótese su escepticismo, incluso en la forma ("se tiene la impresión de que", "lo que libera, se nos dice", "según la perspectiva que nos define como modernos", "llámese"). Si algún día tengo fuerzas para escribir sobre esto, vendrá Steiner y su nostalgia de lo absoluto, y Eugenio Montale con su poema sobre "La forma del mundo":


Si el mundo tiene la forma del lenguaje
y el lenguaje la forma de la mente,
la mente con sus plenos y vacíos
es nada o casi y no puede salvarnos.
Así habló Papirio. Ya era de noche
y llovía. Pongámonos a salvo,
dijo, y apuró el paso sin advertir
que era suyo el lenguaje del delirio.