jueves, 14 de junio de 2012

La Ley (1)

Querido PJ:

Como quedamos en que trataría de poner por escrito algunas ideas básicas de lo que yo entiendo por judaísmo, voy a iniciar con esta entrega una serie de Cartas a PJ, sin la pretensión de que, con el tiempo, adquieran la autoridad de la Carta a los judíos del Yemen, de Maimónides, aunque con análoga intención: presentar el judaísmo como una opción razonable.

Un personaje que me aclaró bastante sobre el judaísmo y su historia fue Léon Poliakov, autor de la extraordinaria Historia del antisemitismo que comenzó a publicar en España, a finales de los setenta, Mario Muchnik. He seguido siendo bastante fiel a los planteamientos de Poliakov, que trabajaba en un campo afín al mío. No era lo que se entiende por un historiador académico, lo que me lo hacía cercano. Yo tampoco soy un historiador profesional sino, a lo sumo, un caso de intrusismo admitido en la academia. Pues bien, hacia 1958, en un congreso de intelectuales judíos de lengua francesa, Poliakov rebatió brillantemente la tesis de Arnold Toynbee según la cual el judaísmo sería una religión fósil de un antiguo pueblo -el hebreo- desaparecido tras la destrucción del Segundo Templo. Poliakov sostenía, por el contrario, que el judaísmo tiene una relación a lo sumo accidental con la religión de los antiguos hebreos. En lo esencial, se forma después de la destrucción del Templo y en una continua simbiosis con el cristianismo, del que viene a representar algo así como la sombra.

Esta idea me parece interesante. El judaísmo original, el hebreo, surgió como una contrarreligión opuesta a los cultos idolátricos del Mediterráneo oriental. Fundamentalmente, contra la religión egipcia. No entro a considerar la hipótesis de si fue o no en su origen una derivación del culto solar de Atón, que tanta tinta ha hecho derramar. En su conjunto, todas las especulaciones más o menos ingeniosas sobre este último asunto me divierten o me irritan, empezando por la de Freud, pero no las encuentro convincentes. Sin embargo, te recomendaría un libro que me parece suficientemente serio y en el que el carácter contrarreligioso del judaísmo queda muy claro: Moisés el egipcio, de Jan Assman, publicado en España por Oberon (hay una segunda parte, menos interesante, editada por Akal hace un año). Poliakov hace una propuesta de interpretación general del judaísmo bastante similar: como una contrarreligión que se construye tomando el cristianismo como referencia religiosa.

Y termino esta primera carta con una hipótesis a manera de premisa. El gran descubrimiento del judaísmo original frente al politeísmo egipcio no fue el monoteísmo sino la Ley: el hecho de que, más allá de las leyes, de los códigos inventados por los hombres, existiera una Ley de valor universal. El judaísmo, en este sentido, es y ha sido siempre muy kantiano (antes de Kant, por supuesto). La noción del Dios único se deriva de la Ley, y no a la inversa. Eso es lo que lo separa, para empezar, de cualquier religión. El modo de justificar la ley en toda religión es radicalmente teísta. Las leyes son instituidas por Dios, y por eso deben ser acatadas y cumplidas. El modo de argumentar del judaísmo es exactamente el inverso.

¿Recuerdas el razonamiento al respecto del Iván Karamazov de Dostoievski? "Si no hay Dios, todo está permitido". Los judíos razonamos justamente al revés: "Como no todo está permitido, resulta que hay Dios". Nuestra filosofía primera no es cosmológica, sino ética, y por tanto nuestra idea de Dios no es cosmológica, sino ética.

Es una buena forma de empezar. Abrazos,

J.