lunes, 21 de mayo de 2012

Primitivo y Rijosillo

El rijosillo hetero (Foto: Robert Doisneau)

Los hay de varios tipos (ocasionales y habituales, sociales y solitarios), pero la división más interesante es la que se da entre el putañero primitivo y el que llamaremos rijosillo.

Primitivo suele ser un putañero sin complejos. Un conocido mío, al que llamaremos JF, encaja perfectamente en este subtipo. Un día tomábamos algo en el pueblo cuando de repente sonó el teléfono. Era su mujer: "Calculo que en unas dos horas estoy en casa", contestó con perfecta naturalidad. "Me pillas a punto de irme al Flowers" [conocido burdel de postín de la A-6].

Hay algo en la hosquedad de Primitivo (su reconocimiento abierto de sus dificultades para ligar, su roce con quienes viven al borde del abismo de las drogas, la explotación o la miseria, su indiferencia ante el qué dirán) que lo hace más digerible.

Rijosillo puede ser un tipo de mayor estatus social o cultural (o al menos estar convencido de que lo es). Rijosillo procura difuminar el acto de compraventa de modo que parezca un proceso casual, libre y espontáneo de seducción. Detestaría verse a sí mismo como un vulgar camionero o un zafio constructor recientemente enriquecido. De ahí que rehúya la prostitución abiertamente organizada en torno a un antro y prefiera recurrir a escorts o a formas de lenocinio más sutiles.

Por descontado, es mucho más común que encontremos a Rijosillo acudiendo puntualmente con su esposa y cuñados a misa los sábados y defendiendo con ardor a su Santidad a la salida, precisamente a la misma hora en que Primitivo se calza su quinto pacharán en la barra de un bar y pierde la segunda vaca al mus.

Primitivo, por ejemplo, pregonará alegremente que va a Cuba a desfogarse, y relatará a la vuelta  pormenorizadamente sus hazañas a todo el que quiera escucharle. A su regreso, Rijosillo hablará de la belleza de la arquitectura habanera, de la frescura de un mundo no contaminado por la homogeneización imperante. A Primitivo le da igual que en Cuba gobiernen los secuaces de Castro o los de Mas Canosa con tal de que le dejen seguir bebiendo ron en La Bodeguita mientras magrea a la muchachita de turno. Rijosillo puede criticar el burdel en que los norteamericanos convirtieron Cuba sin hacerle ascos al burdel que siguen manteniendo en ella los Castro, por considerarlo un rasgo exótico más del Tercer Mundo o un característico impulso sexual impreso en los genes de una raza. ¿Qué hay de malo en que magree a esta muchachita?, se preguntará, tan lejos de casa, de su parroquia, de su esposa, del temido qué dirán.

Otro conocido mío, al que llamaremos CC, pertenecía a este segundo subtipo. Era un rijosillo torpe, que iba dejando peligrosos cabos sueltos allá por donde pasaba. Su compungida y católica esposa se lamentaba sobre su trato con prostitutas y becarias en Cuenca. Un conocido suyo se asqueaba sobre su rijosa actitud con los mulatos de La Habana. Su recurso a las escorts de Latinamerican Cupid llegó a ser conocido entre algunos de sus amigos.

Primitivo se quedó mirándome aturdido un día en que se me ocurrió hablarle de mi instintivo recelo moral hacia cualquier relación humana que no esté presidida por una igualdad básica. Mi conocido Rijosillo asentía vehementemente en una conversación similar y afirmaba con aplomo que él sería "incapaz de acostarse con nadie pagando" y que "a su edad ya no se ligaba por la cara". Poco tiempo después, sin embargo, no pudo evitar él también narrar sus hazañas. Callé. ¿Tenía que pensar que acabó apoquinando, o tal vez se prendó de su metro cincuenta y pico, sus copiosas grasas abdominales, sus piernas valgas y sus sesenta años una hermosa joven de veinticinco años?

Como no debía sentirse cómodo con él mismo, culminó su relato con unas palabras  que me recuerdan a éstas que leí hace poco en un blog cuyo enlace me reenviaron:

"En algunos momentos de mi vida, muy pocos, he conocido el sabor de la carne comprada".


Fíjense en la expresión empleada y en todo el párrafo que la rodea. Rijosillo decide hacer un poco de mala literatura sobre la cuestión, ponerlo todo bajo una luz que perfile un encuentro entre dos almas que se necesitan. Rijosillo desea pasar por alto que una actúa por propia voluntad y otra por voluntad mediada. Primitivo, con ser tan zafio, es algo que nunca olvida.


El rijosillo homo (Foto: Humphrey Spender)