domingo, 18 de marzo de 2012

Time is on my side

Aníbal atravesando los Alpes (J.M.W. Turner)

Siempre he tenido afición a la historia de Roma, hasta el punto de fantasear (o un punto más allá) con escribir la tesis sobre un período que me interesaba especialmente, pero no llegué a Fabius Maximus Cunctator a través de las lecturas sobre el avance de Aníbal hacia la Ciudad, ni a través de Plutarco. En casa de mi padre todo lo que se necesitaba leer sobre Roma estaba recogido en un aparador de sólo cinco estantes, cerrado a cualquier tipo de volumen intruso: las Vidas paralelas, la Historia de Gibbon, la de Mommsen, los Anales de Tácito, un volumen de Jerome Carcopino cuyo título no he retenido, una parte de las Historias de Polibio, el Ab urbe condita de Tito Livio, The Roman Revolution de Syme y las Guerras Civiles de Apiano, son algunos de los libros que consigo recordar ahora. La mayoría de ellos estaban editados en la Loeb Classical o en Gredos.

Aunque siempre me intrigó su privilegiada situación, no los saqué de allí hasta que viví en Roma y todos esos libros cuyos títulos me resultaban tan familiares como desconocido su contenido se convirtieron en imprescindibles para saciar mi sed de la ciudad. Aún hoy, cuando ando particularmente taciturno y me costaría concentrarme hasta en las viñetas de un cómic, puedo recurrir a partes de ellos para frenar la espiral melancólica y cerrar los ojos sabiendo que las imágenes que me entretendrán hasta que duerma serán las de las luchas entre Escipión y Aníbal, el asesinato de Craso o la irrupción de Clodio en la Casa de las Vestales. Bendita sea Roma entre todas las ciudades.

Pero cuando escuché por primera vez hablar de Fabius Maximus ese momento no había llegado, y yo era un niño de ocho años que había crecido en una casa muy politizada, debido al período que atravesaba el país y a los intereses y ocupaciones de mi padre. Recuerdo bien el contexto en que apareció su figura. Un grupo numeroso de adultos debatía en casa los últimos acontecimientos: el regreso de Carrillo al país, la desmovilización que éste emprendió de las bases comunistas, la limpieza de los cuadros más jóvenes que habían trabajado en el Partido en ausencia de los viejos estalinistas, los nefastos resultados electorales a que esta estrategia había según ellos abocado, el qué hacer. Mi atención se repartía entre esas encendidas discusiones que me resultaban familiares y los proscritos de Guillermo Brown. Hasta que mi padre, que llevaba sus buenos veinte minutos enzarzado en una conversación sobre las virtudes y los contras de las estrategias del fabianismo político, pronunció la frase: "I wait long, but when I strike, I strike hard".

Se refería (pero entonces, obviamente, no lo supe) a un episodio de la segunda guerra púnica en que Cunctator ("el que retrasa", el "dilatador"; aunque algunas veces aparece como el "contemporizador", una traducción directa del italiano temporeggiatore menos libre y más interesante de lo que parece a primera vista) emplea una táctica consistente en evitar el encuentro inmediato y frontal con el cartaginés, apostando por prolongar la batalla hasta que los víveres de los púnicos escaseen y la paciencia de sus mercenarios hispanos y galos se agote. En definitiva, Fabius Maximus pensaba que el tiempo corría a su favor.

So do I. 

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