jueves, 9 de febrero de 2012

Vidas ejemplares. Martin (II)

Continúa de Vidas ejemplares. Martin (I) 


Martin, en una residencia de ancianos (Stuttgart, 2009)
    
Le faltan unos meses para cumplir noventa años. “No quiero hablar de ello”, dice Martin. Se sume entonces en uno de esos silencios en que los hombres parecen a punto de traicionarse, de desvelar su último misterio. Una ventana que se entreabre una décima de segundo para volver a cerrarse rápidamente.

Es verdad que no pudo dedicarse a la enseñanza universitaria y que, finalmente, su vida se pareció a la de su padre tal vez más de lo que hubiera querido. Se casó, tuvo tres hijos y acabó por convertirse en asesor legal e insustituible mano derecha de la dirección de Lechler, una empresa química fabricante de pinturas, barnices y esmaltes. Así pues, la vida le devolvió, tras unos años de ausencia, a Stuttgart, al respetable entorno protestante suabo, en el que la única nota disonante (pero no tanto) era la presencia del mando del ejército estadounidense en Europa.  

En esa incorporación a Lechler debió ser decisiva la intervención de su padre, sus contactos con I.G. Farben (cuya especialidad primera había sido la fabricación de tintes sintéticos).  Y también los lazos regionales. Martin se jactaba de pertenecer a una familia con varias generaciones de pastores evangelistas y funcionarios de Baden-Württenberg.

El mismo conocía bien los entresijos de la administración y la política estatal: al poco de licenciarse había trabajado como asesor legal para la Administración de Württenberg y, algo después, como director de las oficinas de distrito de Waiblingen y de Stuttgart durante dos años. Entre sus conocidos figuraban algunos hombres influyentes: el ex gobernador de Baden-Würtemberg (y presidente de la Corte Constitucional Federal cuando Martin regresó a Stuttgart) Gebhard Müller, el obispo estatal Martin Haug, el importante teólogo evangelista Eberhard MüllerAsí que, por deprimente que a algunos nos resulte esta foto en familia, la vida no le había tratado mal.


Comida en familia (Stuttgart, 1954)

¿De qué no quiere entonces hablar Martin, ahora que ha doblado la última esquina de su vida?