jueves, 12 de enero de 2012

Shlemiel


Shlemiel the First (en el musical de los Pegasus players)

(Para  José Yossi P.)

Uno de mis personajes literarios favoritos es el shlemiel. El shlemiel (o Shlemiel, a secas y con mayúsculas, en un proceso inverso al que convierte, por ejemplo, el Quijote en un Quijote) asoma siempre por algún lado en las páginas de Bernard Malamud, de Isaac Bashevis Singer, de Saul Bellow, de Joseph Roth y, por doquier, en las novelas de Sholem Aleichem y Mendele Mocher Sforim. En realidad, en casi todas sus películas antiguas Woody Allen interpreta a un shlemiel, es posible que Harpo Marx lo fuera un poco, y cientos de personajes secundarios del muy rico teatro judío de preguerra lo han sido.

Shlemiel es un término yídish. No es un imbécil exactamente, aunque suela recibir ese trato. Es más bien un infeliz, un simple, un inútil. Carece por completo de sentido práctico (pero él, desde luego, no repara en ello). A no confundir con un shlimazel. Un shlimazel es un hombre al que no acompaña la fortuna, un desgraciado nacido sin estrella o bajo una mala. No sé dónde lo leí o quién me lo explicó una vez: Shlemiel es el típico torpe que derrama la sopa; Shlimazel es el pringado a quien siempre le cae encima.

Una descripción perfecta de Shlemiel aparece en La víctima. Érase una vez [traducción libre del original de Bellow]

"... una pequeña aldea en el viejo país. Quedaba apartada de todo, en un valle, así que los judíos temían que el Mesías viniera y no diera con ellos (...). De manera que construyeron una torre muy alta y contrataron a uno de los mendigos de la aldea para que se sentara allí de la mañana a la noche. Un colega de este mendigo se encontró con él y le preguntó: '¿Estás contento con tu trabajo, Baruj?'. A lo que Baruj respondió: 'Bueno, no es que paguen demasiado, pero parece un trabajo estable'".
La anécdota revela mucho sobre el humor judío, sobre la tensión entre la piedad/la fe/la utopía y la ironía/el escepticismo/el pragmatismo. Y sobre la risa que sucede al llanto, que se sobrepone luego a él y que acaba por sofocarlo. Una estrategia de supervivencia para un pueblo pequeño, disperso y a menudo oprimido.

Algunos de los más famosos Shlemiel (tal vez no sea el shlemiel de Ur, vale, pero para nosotros es una fuente lo suficientemente primaria) se encuentran en los relatos de Singer, en los preciosos Cuentos judíos de la aldea de Chelm. Y en realidad aquí es donde yo quería llegar, al vídeo que les enlazo abajo, porque Singer hace gala a lo largo de todo el discurso de aceptación del Nobel y después, cuando explica su desconcierto ante los centenares de periodistas que le aguardan a su regreso a los Estados Unidos, de ese humor que sólo aparentemente es autodestructivo.

En el minuto 2:10, el recién premiado pronuncia la palabra (I've already been surprised, I've already been happy, and now I am the same...). El traductor francés decidió verterlo en los subtítulos así: "Un pauvre type". No está mal para unos subtítulos, pero les aseguro que Schemiel da mucho más de sí. Esa estrategia de supervivencia colectiva puede aplicarse con los mismos buenos resultados a un hombre, una mujer, solos, cuando a la vida le da por ponerse de proa.


video