martes, 10 de enero de 2012

Easy going

Estos dos años pasados he tenido abandonadas algunas de mis aficiones más recalcitrantes. Nada me ha alejado nunca de la lectura, pero antes de que en el plazo de poco más de un año muriesen dos amigos próximos y me instalase en una fábula delirante por tarambana y mala cabeza, me dejaba robar muy a gusto el tiempo por pasatiempos dispares.

El que más he echado de menos, la cría de timbrados, es al que más rápidamente he regresado. Aquí, la única hembra clara, que además canta que da gusto:


***
Había escrito algo sobre ello. Pero resulta que Hitchens ya había hablado de la cosa con su habitual sentido del humor. Si son de los que piensan que la muerte ha venido a quitarle la razón, relean más despacio.

Circula por ahí una cita apócrifa: "Después de la primera copa ves las cosas como desearías que fuesen. Después de la segunda, ves cosas que no existen. Al final, ves las cosas tal y como son, que es lo más terrible que hay en el mundo. Así pues, ¿cuál es la diferencia entre un vaso de absenta y el ocaso?".

Es estupenda, pero nunca fue escrita así. En realidad, ni siquiera fue escrita, sino a lo sumo pronunciada. Y no se trata de una, sino de dos observaciones distintas que hizo Wilde sobre la absenta. La primera parte la recogió su amiga Ada Leverson en uno de sus artículos, y el ocaso no aparecía allí por ningún lado. La metáfora del ocaso la reprodujo Christian Krohg en un pequeño volumen de memorias, citando una conversación de Wilde (en Dios sabe qué estado) con otro pintor noruego.

Pero me gusta cómo ha llegado deformada. Es verdad, el mundo se hace más llevadero con la primera copa, y hasta apetecible con la segunda. El quid está justamente ahí, en sujetar las riendas de la tercera.


Foto: Weegee

***
Podría haber sido peor. La suerte me sonríe en lo material. M. dice que no se trata exactamente de suerte, sino de trabajo, tino y una poca o nula aversión al riesgo. L. duda también de que sea suerte, pero no por las mismas razones: me voy a convertir, dice, en un burócrata del oficio. Todo eso está muy bien, pero no les presto demasiada atención. Hay a quien no faltan ni el tesón ni la temeridad pero la fortuna se empeña en esquivar. En cuanto al argumento de L., quienes carecemos del respaldo de un patrimonio y tenemos gente a cargo no podemos permitirnos el fasto de despreciar la rutina para abrazar la bohemia.

***
Junto al estanco del aeropuerto de Barajas, V. me cuela en la mano una nota con seis mandamientos de su puño y letra:
1. Te querrás a ti misma como quieres al prójimo.
2. No beberás hasta que el sol esté en lo más alto.
3. Cuando llegue la noche, leerás en las rayas de tu mano las letras de mi nombre.
4. No dejarás que nadie te diga que estás perdiendo el tiempo cuando piensas en los que ya no están, pero aún son.
5. No repartirás bienes o dinero para hacerte perdonar una culpa que no tienes.
6. No te esforzarás más en forjar un estilo. Ya lo tienes: eres tú.
V.