miércoles, 12 de octubre de 2011

Pekuaj nefesh



(Una semana después)

En todo este asunto, hay dos cosas que me han dado mucho que pensar:

Ese intercambio casi inconcebible en un mundo como el nuestro: una sola vida a cambio de la liberación de más de mil prisioneros palestinos, muchos de los cuales habían sido condenados por el asesinato de grupos de población civil, como los autores del atentado en la pizzeria Sbarro en Jerusalén, los responsables de la muerte de veintiún chicos frente a la discoteca del Delfinario de Tel Aviv o la asesina de Ofir Rahum, el muchacho tiroteado y despedazado después en Ramala.

La recepción de los liberados por ambas partes. Las palabras únicas (y no filmadas)  del primer ministro israelí a los padres de Schalit: "Aquí os devuelvo a vuestro hijo". Los gritos de guerra y los cánticos de quienes esperaban a los prisioneros palestinos: "El pueblo quiere un nuevo Schalit".

La cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. "Salvar una vida es salvar el mundo” (Talmud, Sanedrín 37A). La preservación de la vida es la base de la pirámide ética judía, y la ley judía establece la obligación de violar las mitzvot cuando se trata de salvar una vida. Pekuaj Nefesh. La liberación de Schalit y la forma en que se ha llevado a cabo han puesto de manifiesto que la ética judía aún tiene una oportunidad de imponerse sobre la razón de Estado, y me alivia que así sea.