jueves, 6 de octubre de 2011

Lecturas ginebrinas (2). Ave de paso


Es difícil encontrar La chanson des gueux (François Villon, Claude Gueux son referencias, para el curioso), salvo que uno bucee en librerías de viejo. En Ginebra (en Les grottes) hay (sin nombre ni cartel anunciador) una muy bien provista. Lo que uno busca está probablemente allí, y la dificultad estriba en orientarse en el laberinto de estanterías. Cuando no lo consigue, sale de ella frustrado por la certeza de su cercanía. El libro tan deseado sigue allí, pero esta tarde, hélas, tendremos que sentarnos a sólo veinte pasos de él, en el desaliñado bistró donde se sirve el vino blanco con hielo, preguntándonos en qué parte del camino nos extraviamos y qué deberíamos corregir mañana para dar con él.

No fue el caso: allí estaba, en una de las columnas de libros que esperan sobre el suelo un hueco libre en los estantes, y como premio a mi tesón, leí por primera vez en papel este poema: 

Philistins

Philistins, épiciers,
Tandis que vous caressiez
Vos femmes,
En songeant aux petits
Que vos grossiers appétits
Engendrent,
Vous pensiez: "Ils seront,
Menton rasé, ventre rond,
Notaires",
Mais pour bien vous punir,
Un jour vous voyez venir
Sur terre
Des enfants non voulus
Qui deviennent chevelus
Poètes.

Jean Richepin (por Nadar)

El libro guarda otras dos joyas. Le chemin creux es demasiado largo para ser reproducido aquí (pero puede leerse completo en esta página). Brassens adaptó el texto de Les oiseaux de passage (aquí entero),  le puso música, y de su talento nació esta joya:

"Regardez les passer, eux
Ce sont les sauvages
Ils vont où leur desir
Le veut par dessus monts
Et bois, et mers, et vents
Et loin des esclavages
L'air qu'ils boivent
Ferait éclater vos poumons"



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