jueves, 14 de julio de 2011

Speak low, homenaje retardado



Kurt Weill y Lotte Lenya

Tal vez todo esto debería haber empezado por el principio, un homenaje al hombre que puso música a las palabras de Jenny. De entre los cientos de composiciones de este judío que huyó de Alemania en 1933 y acabó sus días en Estados Unidos, he sentido siempre predilección por esta canción.

Tres versiones. La primera, la más distinguida, señorial, de Sarah Sassie Vaughan. Se la escuché cantar en Ravinia, a las afueras de Chicago, un atardecer a finales del verano de 1989, pocos meses antes de que muriera. La segunda, de aires más canallas, un poco ethnic trash (diría L.) que sería entonces en los cincuenta, de Billie Holiday. Y la última, la verdadera alhaja: el propio Weill, al piano y con un hilo de voz, el acento alemán aún pegado al paladar, grabado en su casa. Tuve ese disco y lo presté (perdí) en uno de esos estúpidos arrebatos amorosos.


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