domingo, 26 de junio de 2011

La tumba sin sosiego de Cyril Connolly (II)



Con ser entretenidos sus cuasi epigramas sobre el amor (o el desamor), mucho más interesantes son las reflexiones de Connolly/Palinuro sobre la literatura. Al fin y al cabo, a pensar sobre ella (y a fracasar en el intento de respirar dentro de ella) dedicó toda su vida este inglés formado en el Balliol College. Vale la pena leer también sus reflexiones sobre el estilo contenidas en Enemigos de la promesa.

"Cuantos más libros leemos, antes nos damos cuenta de que la verdadera misión de un escritor es crear una obra maestra, y que ninguna otra tarea tiene la menor importancia. Pese a esta evidencia, ¡cuán pocos escritores lo admitirán o, habiéndolo admitido, estarán dispuestos a abandonar la pieza de iridiscente mediocridad que han comenzado!".

"Los escritores siempre esperan que su siguiente libro sea el de mayor grandeza, ya que son incapaces de aceptar que su modo de vida presente sea lo que les impide crear algo distinto o mejor".

[Sobre las obras maestras]:

"El máximo de emoción compatible con un sentido clásico de la forma"

"Jusqu'au sombre plaisir d'un coeur mélancolique: una idea de la perfección y la fe en la dignidad del hombre, combinadas con una visión trágica de la situación humana y su cercanía al abismo".

Y:

"¡Espiritualiza lo material, Palinuro, y no apuntes demasiado alto!".

"En el mismo instante en que un escritor pone la pluma sobre el papel pasa a pertenecer a su tiempo; en el instante en que pertenece a su tiempo deja de ser atractivo para otras épocas, y por ello será olvidado. Quien quiera escribir un libro para la eternidad debe aprender a usar tinta invisible. Sin embargo, si un autor pertenece a su tiempo, épocas como la suya volverán a existir, y él regresará para fascinarlas".

"Todos los buenos escritores han de encontrar la enorme grieta que separa el destino finito del hombre de su infinito potencial. Sólo después revelan su valentía artística y así elevan la protesta que es su última petición de orden, sus Gulliver's Travels, sus Máximus, sus Songs of Experience, su Saison en Enfer, sus Fleurs du Mal. Los escritores mediocres simulan no haber visto nada, y que todo va bien, o si no aúllan llenos de lástima hacia sí mismos".

"Lo que hace a los escritores del pasado más vívidos son las dimensiones de su padecimiento; la desesperación de Pascal, la amargura de La Rochefoucauld, el ennui de Flaubert, la noia de Leopardi, la cólera de Baudelaire; sólo las verdades extraídas bajo tortura mental nos parecen atractivas".

"La decadencia triple: Decadencia del material; del lenguaje del escritor. La nieve virgen sobre la que Shakespeare y Montaigne trazaron sus profundos surcos no es ahora sino una ladera que infinitas pisadas han aplanado hasta que apenas es capaz de mostrar nuevas huellas. Decadencia del mito, ya que no hay una creencia unificadora (como el cristianismo, o el humanismo renacentista) que imponga temor y respeto a un escritor, un temor y un respeto que comparta con la mayoría de la humanidad. Incluso el último de los mitos, el mito de la vocación del artista, de 'l'homme c'est rien, l'oeuvre c'est tout', acaba destruido por los tiempos, por la tercera decadencia, la de la sociedad".

"El Arte creado directamente para la Comunidad nunca puede tener la misma calidad concentrada que aquel que surge de la soledad del artista. Éste posee la integridad y la sombría excitación que se obtienen sólo de la ausencia de público y de la comunión con las fuentes primarias de la vida inconsciente. No se puede servir simultáneamente al poder y a la belleza (...). Un personaje público nunca puede ser un artista, y ningún artista debería jamás convertirse en uno (...)".

"La imaginación = nostalgia por el pasado, lo ausente; es la solución líquida en la que el arte revela las instantáneas de la realidad. El artista segrega nostalgia en torno a la vida, igual que las lombrices forran sus túneles, que las orugas tejen sus capullos o que las golondrinas mascan sus nidos. El arte sin imaginación es como la vida sin esperanza".

Y, de nuevo, la cita de una cita:

Cuanto más perfecto sea el artista, más separados estarán en él el hombre que sufre y la mente que crea.