viernes, 24 de junio de 2011

La tumba sin sosiego de Cyril Connolly (I)


En The Unquiet Grave de Cyril Connolly (La tumba inquieta, en la traducción de Aguilar-Bach-Fibla, aunque hubiera sido preferible conservar el desasosiego en el título que propongo, como cualquiera que lea las dos primeras páginas del libro admitiría), algunas reflexiones sobre el dichoso sentimiento:

"Ningún sufrimiento en la vida es comparable al que dos amantes son capaces de infligirse mutuamente. Esto debe quedar claro a todos los que consideren semejantes uniones. Evitar este dolor constituye el comienzo de la sabiduría, ya que es lo bastante fuerte para contaminar la vida entera".

"Una relación física que colme mutuamente a dos personas es la sensación más excepcional que la vida puede proporcionar. Pero no es del todo real. Cesa en cuanto suena el teléfono. Semejante pasión puede preservar su fuerza inicial añadiéndole o bien más infelicidad (celos, separaciones, duda, renuncia) o más artificialidad (alcohol, técnicas, efectos teatrales). Aquel que no haya vivido esto no ha vivido de verdad; quien vive exclusivamente para ello sólo está en parte vivo".

"El objetivo del Amar es acabar con el Amor. Lo logramos a través de una serie de amores infelices o, sin el estertor de la muerte, gracias a uno que es feliz".

"Dos miedos se alternan en el matrimonio, uno el de la soledad y otro el de la atadura. El terror a la soledad es mayor que el miedo a la atadura, así que nos casamos. Por cada persona que teme ese nudo hay tres aterrorizadas por la libertad. Sin embargo, el amor a la libertad es un sentimiento noble al que aspiran en secreto la mayoría de las personas casadas (...), pero para entonces ya es demasiado tarde; el buey no se convierte en toro, ni la gallina en halcón".

"Si en lugar del famoso e incompetente remedio del Tiempo hubiera una operación que nos curara del amor, ¡cuántos de nosotros nos apresuraríamos a someternos a ella! (...). Yacer seis meses en un refrigerador, o hibernar sumidos en un profundo sueño inducido por narcóticos, probar medicinas nuevas, nuevas glándulas, un corazón nuevo, y despertar con la memoria limpia de despedidas y acusaciones (...)".

"El gran encanto del matrimonio (...) es el duólogo, la permanente conversación entre dos personas que trata sobre todo y sobre todos hasta que la muerte acaba con ella. Esto es lo que, a largo plazo, hace que una recíproca igualdad sea más embriagadora que ningún tipo de servidumbre o dominación. Pero para el artista puede resultar peligrosa; es uno de esos que debe mirar solo por la ventana, y para él, entrar en ese duólogo, la actuación incesante de una vida, es una especie de exquisita distracción que, a pesar del placer de la comprensión conjunta de la comedia humana (...), probablemente le prive de esos momentos mucho más preciosos que son exclusivamente suyos".

Y, por fin, la cita de una cita:

Ne cherchez plus mon coeur, les bêtes l’ont mangé.